La lucha contra la corrupción representa un enorme reto no solo para las presentes y futuras administraciones federales, estatales y locales o poderes públicos (ejecutivo, legislativo y judicial), así como para los organismos autónomos, las corporaciones privadas y por supuesto las sociedades civiles. Sino también lo es para el ciudadano común, que sale a trabajar o posee un negocio que por la práctica y la normalización de la corrupción, se ha teñido una desconfianza ante cualquier práctica que trate de combatir el fenómeno sistémico.

Leer más...