A pesar de su larga experiencia en soltar rumores, amarrar acuerdos secretos, manipular las reglas electorales, comprar votos, intimidar a los partidarios de sus rivales y demás recursos de la guerra sucia, el PRI enfrenta una situación inédita en su actual proceso para renovar su dirigencia: sus aspirantes tienen que cuidarse unos de otros porque se conocen las mañas. Sin embargo, aun en esta circunstancia las fórmulas de los exgobernadores Ivonne Ortega y Ulises Ruiz –ella sin registro– señalan que la actual cúpula partidista, 11 gobernadores y el expresidente Enrique Peña Nieto apoyan ilegalmente al candidato “oficial”, el exmandatario de Campeche Alejandro Alito Moreno.

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