Hoy el Baúl de los recuerdos se abre para comentar que este 20 de noviembre se cumplen 111 años del inicio de la Revolución Mexicana, en consecuencia, es importante analizar qué efectos ha tenido este movimiento para nuestro país, las repercusiones que trajo y la forma en que se desarrollaron algunos acontecimientos.

 

La historia oficial nos muestra a la Revolución Mexicana como un acontecimiento maravilloso, lleno de ternura, fantasía  y aventura, digno de repetirse en cualquier momento  como solución a un problema nacional. Se ha escuchado a más de uno decir con entusiasmo, seguridad y gran soberbia “ojalá hubiera otra revolución, para que se componga nuestro país”, al grado de poder creer que la historia de la Revolución Mexicana, es una historia fantástica.

 

La Revolución mexicana no fue el tiempo de los héroes. Fue un momento de caos, destrucción y muerte; fue la hora del desquiciamiento colectivo encarnado en los jefes revolucionarios que hicieron hablar a las armas para convertirlas en lenguaje cotidiano, por cualquier motivo las accionaban y todo era una buena razón para matar o morir. La naturaleza humana emergió en toda su magnitud, con toda su fiereza, con todas sus contradicciones y los caudillos llevaron sus personalidades al límite: Ambición, coraje, bajos instintos, temores, cinismo, valentía, frustración, dolor, resentimiento, venganza…todas las pasiones que puede desarrollar la especie humana, encontraron en la revolución el momento propicio para que se manifestaran y desencadenaran, fue un momento, donde la violencia irrumpió para transformar la realidad.

 

La Revolución Mexicana dejó un millón de muertos, enorme cantidad de familias desintegradas, niños huérfanos; mujeres solas, abandonadas, violadas, frustradas, donde los protagonistas no tuvieron ningún recato en manifestar sus bajos instintos y sus malas pasiones y todo se justificó diciendo “es que así es una revolución”. Un ejemplo, es un relato donde Pancho Villa le pide a su compadre se integre nuevamente a la causa revolucionaria. Su compadre le comenta que le disculpe, pero ahora ya tiene una familia, su mayor preocupación es que su mujer y su niña de tres años tengan que pasar hambre y frío. Pancho Villa, le asegura que eso no sucederá jamás, y antes de que el compadre pudiera hacer algo, saca su pistola y le da un balazo a cada una en la frente, mientras le dice a su compadre “Ya no te preocupes compadre ellas ya no van a tener hambre, ni frío… vámonos”.

 

Otro pasaje de la revolución comenta que Rodolfo Fierro, que era el pistolero principal de Pancho Villa y un alcohólico en potencia, tuvo que ejecutar al menos a 300 personas durante una sola   tarde y se jactaba de decir: “que tenía que cambiar de arma durante la ejecución porque se calentaba mucho y le molestaba”

 

La Revolución Mexicana, a través de los años, ha hecho añicos los pedestales donde descansan los héroes y recoge a los villanos para ponerlos en la misma dimensión y bajo las mismas circunstancias, pasado el tiempo se glorifica a otros. Esto significa que la historia también es de momentos y  circunstancias. Al final nos damos cuenta que ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

 

Este movimiento armado que inició en 1910 ha sido motivo para escribir libros, novelas, poemas, crónicas, películas, obras de teatro, documentales y hasta películas, y desde ahí, han surgido una generación de héroes nacionales –muchos de ellos impuestos por la historia oficial y el sistema. De esta manera, la Revolución mexicana se ha convertido en un dogma de fe, en discurso ideológico, en infalible retórica por la que desfilaban, “como un solo hombre” Francisco I Madero, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Francisco  Villa, Álvaro Obregón y otros tantos caudillos como Domingo Arenas Pérez, Máximo Rojas, Pedro Morales, quienes precisamente han sido olvidados por la historia, algunas ocasiones por desconocimiento, otras más por apatía y absoluta ignorancia; todos ellos  seguidos por una inmensa cauda de hombres con una clara conciencia –amplia y generosa- de lo que significaba el interés nacional y el bienestar de la Patria, y que tomaron las armas desinteresadamente por la libertad en contra de los tiranos en turno: Porfirio Díaz y Victoriano Huerta.

 

Zacatelco no quedó ajeno a la Revolución, en una ocasión platicando con Jesús Arenas -sobrino nieto del General Arenas- exponía que siendo un niño, de vez en cuando, se sentaba en algún lugar de la pulquería de su padre. Ahí se reunían a platicar hombres que habían participado en la revolución. Comentaban que ellos se tenían que esconder en las faldas del Popocatépetl, hasta donde les hacían llegar algunos víveres. Sin embargo, cuando ya no tenían la forma de conseguir agua tomaban los orines de los caballos.

 

Jesús  Arenas comenta como le tocó ver como aquellos hombres sombrerudos, calzonudos, guarachudos, fuertes, rudos  y aparentemente salvajes, se enjugaban las abundantes lágrimas que resbalaban libremente por sus mejillas tostadas por el sol y se mezclaban, de poco en poco, en el jarro de pulque que sorbían,  cuando recordaban las hazañas que vivieron. Esto es sólo un poco de las múltiples condiciones en que se desarrolló la Revolución Mexicana.

 

Fotografía: Archivo Casasola

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