Cero horas con cuarenta minutos, aparece en la cuenta de Twitter de Marco Mena la felicitación "a la próxima gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros".

 

Y con ese tuit desactivó lo que apenas una hora y minutos antes tomaba tintes de movimiento de inconformidad: "ni un paso atrás, ni un paso atrás".

 

Una parte de sus críticos vio la jugada de Mena como traición al PRI y aliados. Estaban lastimados, el carisma y el crecimiento personal que fue logrando Anabell Ávalos Zempoalteca, comenzó a  irritar a sus seguidores, muchos seguidores, pero no los suficientes para superar en las urnas a los de Lorena Cuéllar.

 

Mena se vio precisado a dar ese manotazo en la mesa pues estaba de pormedio la paz de Tlaxcala. En cada familia podía haber un priísta o un morenista. No convenía que los propios integrantes se desconocieran.

 

Entonces optó por afectar su relación con aquellos dirigentes de partidos y sus dueños los ex gobernadores. Y se expuso al juicio sumario de esas fuerzas, acostumbradas a salirse siempre con la suya, a conservar sus parcelas de poder, sus rebanadas de pastel.

 

Solo que esta vez tuvieron enfrente el poder avasallante en las urnas de Andrés Manuél López Obrador, el Presidente, el animal político capaz de repetir la convocatoria de 2018 -hubo municipios como Tlaxcala con más de 67 por ciento de participación.

 

Otros atribuyen la prisa de Mena para neutralizar al anabelismo a un supuesto acuerdo tomado con la propia Lorena en la elección pasada.

 

¿Anabelismo? es raro el surgimiento de este término que, enuncia a la verdadera convocatoria de la ex alcaldesa de Tlaxcala.

 

El Anabelismo equivale al corte del cordón umbilical con el gobernador. Tuvo que ser antes pero, Anabell no tuvo a la mano un manual para actuar a tiempo. Al contrario, tuvo sobre sus hombros los intereses de media docena de grupos que siempre la vieron menos.

 

Este es un proceso de aprendizaje. El liderazgo alcanzado no tiene precio. Pero para lograrlo requirió del concurso de aquellos seis más el de Mena. Cosas raras de la política, crecer traicionando. Pero nunca falla.

 

¿Qué sigue para la virtual gobernadora?

 

Acallar a los cientos de voces que equivocadamente interpretan su relación con ella como derecho a opinar.

 

Quitarse al encimoso del marido en una actuación como de príncipe inglés, de esos que no hacen nada pero cómo joden.

 

No la tiene fácil la próxima jefa del Ejecutivo estatal. Su monrealismo habrá de ser corregido hacia las coordenadas de la Sheimbaum, si no quiere formar parte de los enemigos de Palacio en el momento más inoportuno.

 

No la tiene fácil con un alto porcentaje de tlaxcaltecas casados con el PRI y ahora sus consortes, el PAN, la cosa esa llamada PRD, el PAC, el PS y su camaleónica fundadora. Todos ellos también reclamarán su trozo de pastel, o se dedicarán a hacerse sentir.

 

Cuidado con la horda de traidores. Quienes lo han hecho una vez lo harán siempre.

 

Dificil porque AMLO no le va a quitar la vista de encima, aunque parezca que le tiene afecto. Si entran gentes raras al estado y lo lastiman, si comienzan los negocios con tufo a muerto, si se hace realidad aquello que Tlaxcala no está preparada para la inversión.

 

Algo nos ha elogiado el Presidente: no tenemos deuda. Y además, el autor de esa ley, José Antonio Álvarez Lima, va a seguir la mitad de este sexenio a lado del Peje, urdiendo, inventando u operando lo que pueda para perjudicar a una Cisneros en el poder (recordemos el anticisnerismo del senador pelón).

 

PD: si a alguien le puede agradecer errores básicos de operación la virtual gobernadora es a la MS Gisela Rubach, todo se acaba.