Todo transcurrió demasiado rápido. Formar una coalición de partidos, y liderarlos, y aceptar sus condiciones no fue tarea fácil.

 

Reponerse del covid que la afectó junto a su familia y colaboradores más cercanos tampoco fue sencillo.

 

Superar la traición de su jefe policiaco, y verlo como representante de su adversaria en el ITE seguramente le causó la más desgraciada decepción por culpa del maldito mentiroso.

 

No es la primera vez que cae. La he visto levantarse de otras, secar sus expresivos ojos negros, ponerles un poco de maquillaje y seguir en la brega.

 

Hoy admiré su nobleza al despedirse así, sin rencores ni reclamos. Pudo argumentar que la dejaron sola,  que necesitaba diez veces más apoyo para dar la batalla. Antes de cualquier desfiguro agradeció a su gente de confianza y a sus  miles de seguidores. Ni se victimizó, ni cortó las venas con algún objeto indigno.

 

Anabell obtuvo la rifa del tigre. Aceptó el premio porque le ilusionaba ser gobernadora. Y porque tiene bien fajadas las naguas.

 

Tuvo que soportar la perversa demora de Beatriz Paredes, a cuya conciencia retumbó de última hora su liderazgo fantoche, el mismo que le obligó a desgañitarse en Apizaco, dentro de la grotesca carpa en la que suele enfundarse.

 

Pero el daño ya estaba hecho. Su ronquera como una de las oradoras del cierre no ayudó. Habría sido igual que no subiera.

 

Recuerdo haber recibido una llamada de Marianito reclamándome por  señalarlo de hacer contracampaña con su apuesta millonaria, el rancho-teniente de Huamantla, Jonatan Bretón, dueño de los ofensivos campos que verdean $$$ a la salida de esa región.

 

Y juró por esta, ser incapaz de hacerle algo así a su comadre Anabell. Yo creo que no era tan sincero  e igual que Beatriz, tuvo ganas de desairar a la priista. Y lo hizo. Hasta que alguien  lo exhibió.

 

También,  el daño ya estaba hecho. Total si él ya había asegurado una diputación federal plurinominal en la circunscripción correspondiente a Sonora, pues a los demás se los podía llevar el diablo.

 

Como no dijo nada, ¿pues a quién? Nadie le brindó apoyo. Y otra vez ella sola tuvo que secar sus lágrimas.

 

Vino la coalición. Los partidos vieron por ellos. Francamente no les interesaba el colegiado, sino sacar la raja que pudieran. Si hacerlo destruía el proyecto, pues qué chingados, levantaron los hombros y se asumieron en los depredadores que suelen ser.

 

¿Qué  ocurrió?, a la coalición se la llevó el diablo. Bueno, la arrastró un trecho porque Anabell y los escasos interesados en no reventar el 6 de junio impidieron que la tragedia fuera absoluta.

 

Nada más dos casos para ilustrar: Claudia Pérez y Anabel Alvarado, entraron tarde, pulverizaron cualquier posibilidad a Serafín Ortiz Ortiz, y mírelas, como si nada.

 

Así que quienes hoy no se explican ¿por qué  perdió  Anabell? podrían comenzar a ver esa cosa que se llama simulación y que hoy tiene en shock a miles si dar crédito a esta estrepitosa y dolorosa derrota.

 

Aprender cuesta lágrimas de sangre.

 

Yo creo que Anabell ha tenido una experiencia valiosísima, y si en seis años vuelve a participar en la elección de gobernador de Tlaxcala,  hoy mismo deberá comenzar un proyecto, implacable con los mentirosos y con los traidores.

 

Nadie se iba a colocar este trompo en la uña. Tenía que ser alguien con la nobleza de quienes andan estos caminos en la búsqueda del poder. Un poco locos para atreverse, otro, osados, con carácter, todas esas características necesarias para ser, ¡por uno!

 

Como a Beatriz la ungió Echeverría, y a Marianito su pa, pues les da lo mismo que la gente sea o no, porque ellos nunca pierden.