Frente al desaire a Cuba, Nicaragua y Venezuela, de no ser invitados por Estados Unidos a la Cumbre de las Américas, el presidente Andrés M. López Obrador tenía dos opciones. La sensata, que el mandatario mexicano acudirá a Los Ángeles y que en su discurso frente a todos los mandatarios del continente hiciera pública su protesta de no incluir a todos los países latinoamericanos.

 

Eso habría sido lo políticamente correcto. Pero el inquilino de Palacio Nacional optó por la segunda, por la insensata, la peor de las opciones, la de decir si no los invitan, yo no voy.

 

Con esa actitud desafiante colocó a México en una posición más que incómoda, peligrosa frente a nuestro gran aliado comercial, energético, financiero y migratorio.

 

El presidente López Obrador, prefirió instalarse como el tirano en Jefe al abogar por tres mandatarios, abiertamente identificados como tiranos, aliados del autoritarismo, la antidemocracia, la abierta corrupción y el desprecio por los derechos humanos.

 

Podría el inquilino de Palacio Nacional contestar en alguna mañanera a cuatro preguntas muy sencillas uno, qué ganamos los mexicanos con poner el rostro en favor del nicaragüense Daniel Ortega, aquel guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional, quien junto con su esposa Rosario Murillo, llevan ya 27 años en el poder.

 

En Nicaragua pasaron del tirano de derecha, Anastasio Somoza, al tirano de izquierda, Daniel Ortega. dos, qué ganamos los mexicanos con poner el rostro en favor de Miguel Díaz Canel, quien nació un año después de que Fidel Castro instalará la dictadura en la Cuba que hoy sirve de fachada para el gobierno, a trasmano del sobreviviente Raúl Castro.

 

Pasaron del dictador Fulgencio Batista, a la tiranía castrista que ya tiene instalada 61 años en el poder. tres, qué ganamos los mexicanos con poner el rostro en favor de Nicolás Maduro, el heredero político por dedazo de otro tirano, Hugo Chávez. Juntos el difunto y el actual vienen gobernando Venezuela desde 1999. Veintitrés años ininterrumpidos de dictadura.

 

Pasaron del “Caracazo” de Carlos Andrés Pérez a la tiranía de la dupla Chávez-Maduro, con el ejército como su guardián. Con estos tres gobiernos tiránicos, dictatoriales, México va a poner en riesgo su futuro frente a su más importante aliado comercial, financiero, energético y el mayor empleador de mexicanos en el mundo.

 

Antes de plantear el desaire de no asistir, el presidente López Obrador, tendría que recordar que, si México está económicamente de pie tras la pandemia, es en buena medida por el relanzamiento económico y la infraestructura de los Estados Unidos, que exige miles de millones de dólares en insumos mexicanos.

 

El inquilino de Palacio Nacional tendrá que recordar que, los créditos internacionales con los que se sostiene la deuda de nuestro país, la de Pemex, la de CFE y la de cientos de industrias privadas, están radicados en instituciones financieras norteamericanas.

 

Ni qué decir de los energéticos. Le estamos dando patadas al pesebre que nos surte el 70 por ciento de los combustibles y el gas con los que se mueve el aparato productivo mexicano. Y de las remesas ni hablar. Tan solo en el 2021 sumaron 51 mil millones de dólares. Y en este año se estima que la cifra rebase el 4 por ciento del Producto Interno Bruto de México. ¿Hay algún empleador o generador de divisas más importante para los mexicanos que los Estados Unidos? con su desplante, en defensa de tres tiranías, el presidente López Obrador, decide instalarse como la cabeza del paladín ideológico de la izquierda latinoamericana, desairando al sistema que para bien o para mal respalda hoy a la economía mexicana.

 

Se entiende que el mandatario mexicano esté preocupado frente a la posibilidad de que Luiz Inácio Lula da Silva, de ganar las elecciones en Brasil y le arrebate el lugar de líder de la izquierda latinoamericana.

 

Pero de esa dimensión es el ego y la ambición personal como para poner en riesgo a toda una nación, frente a quien es, por geografía o por elección, su principal socio y vecino.

 

La exigencia del presidente López Obrador, buscando obligar al anfitrión en este caso a Joe Biden, a invitar casi a la fuerza a quienes no quiere en su fiesta, acabará por superar el vergonzoso “comes y te vas'' que Fox le aplicó a Fidel Castro.

 

Por cierto, no agrado en la opinión pública la contratación de 500 médicos especialistas cubanos para trabajar en México ante la escasez de médicos en nuestro país, por parte del gobierno federal.