Una máxima de todo líder es mantener a raya a su círculo íntimo.

 

Eso significa impedir la guerra entre sus hombres y mujeres más cercanos, evitando intrigas o golpes bajos por intereses políticos o personales.

 

Al final del día, si falla en controlar los daños hacia adentro de los cercanos, cualquier denuncia o descalificación acaba por dañar al proyecto de una forma dramática.

 

Y esto precisamente es lo que está sucediendo en el gobierno Morenista, en el que al menos hasta ahora el presidente López Obrador, se ve pasivo frente a los golpes entre algunos de sus más cercanos.

 

La última celada proviene de la Fiscalía General de la República, desde donde se filtra que Juan Collado, preso desde hace dos años por presuntos delitos de lavado de dinero, estaría por recuperar su libertad en los próximos días.

 

Lo que se deja ver es que se le otorgaría el “Criterio de Oportunidad” similar al que se le concedió a Emilio Lozoya o a Alonso Ancira a cambio de que denuncie a presuntos despachos de abogados que habrían intentado extorsionarlo.

 

La intención última sería ligar a esos despachos jurídicos a Julio Scherer, quien fuera el poderoso Consejero Jurídico de la Presidencia y hombre de todas las confianzas del presidente López Obrador. Lo curioso es que, esa presunta promoción, venga del fiscal Alejandro Gertz Manero, quien está bajo el fuego directo por sus múltiples conflictos de interés en el manejo de asuntos personales de los que siempre debió excusarse.

 

El mismo que aplicando esa manoseada figura del “Criterio de Oportunidad” tiene inconcluso el vergonzoso caso de Emilio Lozoya y también el de Alonso Ancira, extraditado, liberado y autoexiliado en San Antonio, sin cumplir con lo prometido para que se le liberara.

 

Pero este es solo el último episodio de los dimes y diretes en los que se pretende poner sobre la mesa acusadora la integridad de cuatro personajes cercanos al presidente: Alejandro Gertz Manero, Santiago Nieto, Julio Scherer y Olga Sánchez Cordero.

 

No son cualesquiera, se trata nada menos que del Fiscal General de la República, por quien pasan todos los delicados expedientes judiciales del ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, con decenas de investigaciones y expedientes abiertos, al momento en que fue forzado a dejar el cargo; del ex Consejero Jurídico de la Presidencia, amigo y confidente del inquilino de Palacio Nacional, y de la otrora Secretaría de Gobernación en la primera mitad del sexenio.

 

Por una razón o por otra, con información cierta o falsa, manejando incluso medias verdades, el presidente López Obrador fue presa de algunas de esas intrigas palaciegas, que por desgracia dejó correr o al menos no las atajó en su momento.

 

El hecho es que cuatro personajes con información más que delicada, privilegiada, están o los están poniendo en franca confrontación, subiéndose a un cuadrilátero, en una disputa que podría tener consecuencias impredecibles para el gobierno Morenista.

 

Si el presidente López Obrador, continúa con su actitud de “yo no meto las manos” y deja correr las disputas entre los cercanos a Palacio Nacional, eso impactará en la línea de flotación de su gobierno.

 

Si así operan los cercanos, lo que tendría que ser un frente impenetrable, imaginen cómo está el resto del elenco. Esa actitud presidencial de oficialmente no meter las manos la viene aplicando en Morena, en donde las disputas intestinas entre las distintas tribus que pelean sin réferi de por medio, tienen desarticulado al llamado partido político en el poder.

 

El mismo presidente López Obrador, recuerda una y otra vez en su conferencia mañanera, aquella máxima de la calumnia, que lo que no mancha tizna. Si el inquilino del palacio nacional insiste en aplicar la política de dejar hacer, dejar pasar, podría gestarse una trágica rebelión silenciosa hacia el interior de su círculo íntimo.

Y esto sólo le acarrearía un muy amargo fin de año para su gobierno Morenista, que terminaría con menos aliados y más enemigos íntimos para el presidente López Obrador.