En el microcosmos preelectoral tlaxcalteca, como el de las otras catorce entidades federativas en que se renovara el Ejecutivo local, la dinámica es casi la misma.  Por un lado, tenemos las divergencias dentro de morena y con sus aliados, y por el otro el anuncio pomposo de la alianza entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y lo que queda del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

 

El PRIAN, sí existe, ahora también en su versión electoral. Porque desde 1988 vienen cogobernando a nivel federal.

 

Durante los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox y Calderón, los dos primeros, priistas y los dos segundos panistas; el PRI y el PAN impulsaron programas coincidentes en el Ejecutivo Federal y apoyados en el Legislativo, cámara de diputados federal y Senadores.  Finalmente, con Peña, en 2012, la cúpula del PRD se sumó a esa mancomunidad de la corrupción.

 

La insurgencia ciudadana de 2018, que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la república y a morena a convertirse en la mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión, dejó en penosa situación a aquellos partidos que ahora sufren al ver cómo se implementa una política pública contraria a lo que ellos hicieron siempre.

 

Populista llaman, por ejemplo, a una política en materia de salario mínimo que lo incrementó un 16% en 2019, un 20% en 2020 y un 15% para 2021; cuando ellos sólo lo aumentaban en 3 0 4%.

 

Como esas medidas no les agradan o no las consideran correctas, han decidido ir juntos a las elecciones del próximo año con la ilusión de que juntos (como si se tratara de una suma mecánica de intenciones del voto) pueden derrotar, por ejemplo, en Tlaxcala, a un muy bien posicionado morena.

 

Así han anunciado que van juntos esos tres partidos nacionales, más dos con registro local, el Partido Alianza Ciudadana (PAC) y el Partido Socialista de Tlaxcala (PST).  El primero representa al orticismo que ya estuvo en el Ejecutivo local, vía el PAN; y que llegó a tener más de diez puntos porcentuales de la votación de manera particular. Y el segundo es una escisión del Partido del Trabajo, que, en forma de comodín, se alió primero en 2004 al orticismo y desde el 2010 al PRI, por lo que algunos de sus cuadros, leales a la ex senadora Rosalía Peredo, se han incorporado a los tres últimos gobiernos en Tlaxcala.

 

Aquí debo reconocer que hace unos meses no consideraba posible que esta coalición electoral se perfilara, ni que la ya abanderada del PRI, Anabel Ávalos, fuera apoyada unánimemente por su partido rumbo a la candidatura a la gubernatura.  Parece que el Covid 19 ha jugado a su favor, en el momento en que el que parecía mejor posicionado, el titular de la Unidad de Servicios Educativos de Tlaxcala, conocido como El Profe, se haya contagiado.

 

Mientras por el PAN, la Senadora Minerva Hernández, parece ser quien, con mucha firmeza, busca dicha candidatura.  Así lo vengo viendo desde hace ya un buen rato, fincado en la idea de que la única que podía disputarle ello, la diputada Adriana Dávila, dos veces candidata a gobernadora, no tiene ya el apoyo de quien entonces la impulsó, que fue Felipe Calderón.

 

Definir esto es el escollo mayor para materializar la coalición electoral.  He dicho ya que si Minerva y el PAN, en ese orden de importancia, ceden a cambio por ejemplo de la candidatura a la presidencia municipal de la capital (que pienso le queda chica), la definición puede ser tersa, porque una formula inversa, es decir que quien ceda sean Anabel y el PRI, no lo vislumbramos.  Principalmente porque es muy posible que PRD, PAC y PST, apoyen a la priista.  Y quizá sólo el orticismo pueda disputar la candidatura en la capital aparte del PAN, lo cual también sería otra complicación difícil de saltar.

 

Ya todo lo demás es un reparto del eventual botín.  Que desde luego dejará inconformes y propiciará muchos reacomodos, sobre todo a nivel municipal y en un momento dado motivará el llamado voto dividido.  Es decir, ciudadanos que si bien para gobernador, e incluso diputados federales y locales, voten por los candidatos del PRIAN, no lo hagan así para los ayuntamientos.

 

Igual, o quizá más complejo, que lo que ocurrirá en morena, rumbo a la definición de tantas candidaturas, la coalición opositora tendrá que convencer a los electores que su opción es mejor que la de morena y AMLO.  Y ahí es donde, considero, lo tienen más difícil.  Porque la ventaja de alrededor de unos veinte puntos que las encuestadoras dan a morena es sobre todo por el trabajo del presidente y sus estrategas lo saben.

 

Buen trecho hay aún enfrente. Estaremos atentos para hacer el análisis esperando ayudar a entender tal complejidad política.

 

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