Este viernes 10 de diciembre del presente año se cumple el 73 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una vez que en el año 1948 fue proclamada y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). En México, fue hasta 1992 cuando la protección y defensa de los derechos humanos fue elevada a rango constitucional.

 

Pero la realidad es que a pesar de este tratado internacional y otros,  en los países más pobres del mundo por una razón u otra no son aplicados, en México sucede algo similar, y la pregunta obligada ¿Cuántos mas millones de muertos quieren los Organismos Intergubernamentales, para intervenir ante estos crímenes de lesa humanidad? que lastiman y laceran a la población más vulnerable del mundo; los organismos autodenominados OEA – ONU requieren de una sacudida global y una restructuración de carácter ciudadana, ya basta de tantas reuniones cumbres sin productividad, ya basta de premiar a los delincuentes de cuello blanco con galardones de carácter internacional, en México, únicamente se conocen las siglas de la USAID – AECI – Comunidad Económica Europea, que según dicen ellos existen bolsas gigantescas de dineros para que América Latina y del Caribe presenten proyectos innovadores que beneficien a los sectores de extrema pobreza de cada país, sin embargo estos beneficios los han utilizado por décadas los mismos gobiernos de cada uno de los países para satisfacer sus ilegítimos intereses de carácter personal, por eso en todo el planeta existe mucha hambruna y extrema pobreza, tal pareciera que a los gobiernos monárquicos les interesan cada día generar más pobreza y desigualdades, para ellos poder seguir viviendo en la opulencia y obtener a toda costa beneficios venideros de los recursos públicos de cada país, el supuesto narcotráfico flagela a todo el mundo sin que ningún organismo mundial o nacional tenga la capacidad diplomática, económica y política de acotar dentro del marco de las leyes universales a estas personas que tanto daño le causan a cada país.

 

En México todo los días y todas las noches nos encontramos con el doloroso tema de la desaparición forzada, asesinatos de mujeres y niñas todos los días del año, los dolorosos hallazgos de fosas clandestinas, y los miles de hombres y mujeres buscando a sus seres queridos sin el apoyo absoluto del estado, y todavía estas personas se enfrentan a delincuentes fuertemente armados, y que según se dice son narcotraficantes; no es posible que ningún habitante de este planeta viva con indiferencia ante tantas atrocidades, tantas calamidades y tantos virus de enfermedades degenerativas.

 

Algunas personas de pensamiento libre y aglutinadas en asociaciones civiles defensoras de derechos humanos emprendieron desde hace muchos meses los esfuerzos no para conmemorar, sino para alzar la voz en protesta del no cumplimiento de todos los tratados internacionales que México ha firmado para cumplirlos y hacerlos cumplir, pero dichas personas y organizaciones sociales en su quehacer social, se enfrentan con las indiferencias de los servidores públicos de los tres niveles de gobierno, pues según ellos y ellas andan muy atareados realizando sus actividades gubernamentales tanto legislativas, ejecutivas y judiciales, aquí la gran desilusión es la nula productividad efectiva en el ejercicio de las actividades públicas de los tres niveles de gobierno, pues solo vemos bonitas fotografías, bonitos videos y mucha publicidad pagada con nuestros impuestos en todos los medios de comunicación; pero la violencia institucionalizada en las calles, en los centros de trabajo, en los hogares y en los lugares públicos, no deja de mermar durante las 24 horas de cada año.

 

Hoy nuevamente les pedimos a nuestros amables lectores(as) que juntos y juntas alcemos la voz para que en el país en el que vivimos vuelva la tranquilidad, la seguridad, el progreso, se recupere la salud, se alcance la justicia y se disfruten efectivamente todos y cada uno de los derechos humanos en nuestro país y en todo el mundo.      

 

 

C. Isidro Sánchez Piedra,

Defensor de Derechos Humanos