La senadora Ana Lilia Rivera es damnificada de Canal 11 y la obligada salida de su sensei y protector José Antonio Álvarez Lima, quien ante la trágica desaparición del profe Joel Molina Ramírez, tuvo que regresar a su curul en el Senado de la República.

 

Le iba bien a Ana Lilia con las ayudotas de la televisión pública, reacia en generar una imagen linda a la recia activista a quien su estrecha retórica de ataque cuasi maoista, le ocasiona la aparición del prurito de las ofensas a toda opinion distinta, sobre todo para descalificar a sus adversarias de Morena.

 

O sea, el Canal 11 y la reorientacion lograda por JAAL se prestó para beneficiar a una de las contendientes y entró en una vergonzosa desviación de recursos públicos para ser caja de resonancia de los rencores de la señora Rivera.

 

Ella por su lado, pareció sentirse con el derecho de la galanura otoñal del ex gobernador Álvarez Lima, y sin delimitar lo público que había de pormedio, se colgó de acciones superiores como la eliminación de multimillonarios fideicomisos y se dedicó a replicarlo en redes como la mujer maravilla que pasó de ser engrane, a la protagonista del cuento donde un añoso, desdeñoso de su estado pero maestro del engaño, vislumbró en Anita, el mecanismo para apropiarse de la dirigencia estatal de Morena a través de Joel Flores, un muchacho cuarentón bien intencionado, quien aceptó hacer el ridículo conteniendo por el puesto que al final recayó en Mario Delgado.

 

Así de chuecos juegan los senadores morenistas y suponen que sus acciones pasan inadvertidas. Que les asiste el derecho para descalificar a sus oponentes aunque para lograrlo se hayan valido de la tecnología de la televisión pública, y por consecuencia de los recursos del Estado para semejante chuecura.