Industrias contaminantes ubicadas a menos de siete kilómetros de comunidades aledañas a la cuenca Atoyac-Zahuapan, causantes de daños a la salud humana y al entorno; devastación de la Malinche y estrés hidrológico alto, son “la dolorosa realidad” que llama a la sociedad tlaxcalteca al cuidado e implementación de acciones para la restauración socioambiental, resumió Emilio Muñoz Berruecos, integrante del Centro Fray Julián Garcés, Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C (CFJG).

 

En su ponencia Acciones de Saneamiento Integral de la Cuenca Atoyac-Zahuapan, durante el IX Congreso Diocesano por el Medio Ambiente, convocado por la Coordinadora por un Atoyac con Vida, la Pastoral Social y de Derechos Humanos de la Diócesis de Tlaxcala y el CFJG, repasó los datos que reflejan la devastación del ecosistema en la entidad.

 

Explicó que el Alto Atoyac tiene una superficie de tres mil 600 kilómetros cuadrados, de los cuales dos mil 086 pertenecen al estado de Tlaxcala, en una franja de 48 municipios, de 60 que hay en este territorio, lo cual significa que casi 70 por ciento de la población total vive a menos de siete kilómetros de empresas grandes.

 

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el Directorio de Unidades Económicas 2017 había nueve mil 068 empresas que –subrayó– desempeñan un papel central en la dinámica de contaminación ambiental de esta zona y de afectación a la salud de la población, por el tipo y volumen de emisiones a la atmósfera, a suelos y al agua.

 

A través de diagnósticos realizados a los cauces se han hallado sustancias contaminantes derivadas de descargas industriales no reguladas, como metales pesados y químicos tóxicos; además de microbiológicos, entre ellos coliformes fecales en cantidades altas y sin tratamiento adecuado, y de nitrógeno.

 

Destacó- que pese a que la Norma Oficial Mexicana 1996 sigue vigente, nada más regula 16 sustancias; sin embargo, en el río existen más de 100, “muchas de ellas precursoras de cáncer y otras enfermedades crónico-degenerativas”, pues así lo indican estudios.

 

En cuanto afectaciones a la salud, cifras del Inegi muestran que en un periodo de 15 años transcurridos entre 2002 y 2016, en las comunidades ubicadas en la cuenca murieron 25 mil 737 personas de cáncer y cerca de cuatro mil 379 por enfermedades renales crónicas, además se registraron 906 abortos espontáneos, añadió.

 

Si uno suma todas estas cifras y las divide en los días de este periodo –enfatizó–, resulta que cada cuatro horas fallece una persona por alguna de estas razones, pues a menos de siete kilómetros de una industria grande con más de 100 trabajadores, “la mortalidad se dispara considerablemente”.

 

Citó que estudios efectuados por Samuel Rosado evidencian que dentro de la cuenca hay localidades que tienen hasta 200 veces más probabilidades de enfermar de cáncer, por lo que hay relación directa entre el vertimiento de contaminantes industriales y los daños a la salud de la población, lo cual ha sido reconocido en la recomendación 10/2017 emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en 2017, “lograda por la Coordinadora por Un Atoyac con Vida”.

 

Estas dos consecuencias combinadas con la ausencia de políticas públicas para prevenir la depredación de las condiciones ambientales, han ocasionado que el Alto Atoyac-Zahuapan se encuentre entre las regiones de mayor mortalidad relativa por enfermedades crónico-degenerativas del país, remarcó.

 

“La industrialización y urbanización de la cuenca corresponde a dinámicas internacionales que nos ponen en una situación en la que Tlaxcala queda sumida en decisiones internacionales y sin tomar en cuenta la circunstancias para transformar esta realidad”.

 

Datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) indican que en el estado hay 20 especies de población originaria de flora y fauna en peligro de extinción, y solo 19 por ciento del territorio está cubierto por vegetación natural, lo cual significa que se ha perdido la mayor parte de su ecosistema, expuso.

 

A este panorama de deterioro, agregó la generación de casi mil toneladas de basura por día; la devastación de alrededor de 700 hectáreas de bosque de la Malinche en aproximadamente dos años, a causa de la plaga de descortezador que aún prevalece, y el alto ‘estrés hídrico’ que ubica a la entidad en el lugar 17 a nivel nacional.

 

Son pinceladas que se incorporan al llamado “a cuidar la casa común que es la madre tierra”, pues estas realidades a las que hoy se enfrentan las nuevas generaciones no lo fueron de las y los ancestros, ya que surgieron a partir de la industrialización  detonada en la década de los años 70 y del sistema neoliberal que pone por encima intereses económicos, indicó en su intervención en ese Congreso virtual.

 

Sin embargo –realzó–, se observa una serie de fortalezas que prevalecen en la entidad, pues la mayoría de comunidades son pequeñas y sus habitantes se conocen entre sí, por lo que desde este tejido social empezamos a actuar en una ecología integral, para que mediante la reconstrucción de diversos elementos, se pueda reconstituir el cuidado de las personas y del entorno. Por, ello mencionó que acciones como dejar de usar agroquímicos, buscar otra forma de consumir, de procesar la basura y de aprovechar el agua, contribuirán al objetivo. “Hay una fe profunda de que se va restablecer el río y la malinche”.