La propuesta destaca la multidisciplina, el uso de la tecnología y la discusión de un grupo colegiado para buscar las mejores formas de resarcir los daños

 

La aplicación de modelos teóricos y metodológicos de diversas disciplinas, el uso de alta tecnología para el registro y documentación más profundo y completo, sobre cuyos resultados se propició la discusión de especialistas para buscar las mejores metodologías para preservar, conservar y restaurar el patrimonio arqueológico, destacan al “Proyecto de Conservación de los Edificios Dañados por los Sismos de 2017 en la Zona Arqueológica de Monte Albán-Atzompa”.

 

La novedosa propuesta, encabezada por la arqueóloga Nelly Robles García, se hizo acreedora al Premio Francisco de la Maza como Mejor Trabajo de Conservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico, el cual entrega el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como parte de los galardones anuales con los que busca fomentar el estudio del patrimonio cultural mexicano.

 

Este reconocimiento, junto con tres a Mejor Investigación, cinco tesis de doctorado, ocho de maestría y cinco de licenciatura, además de 26 menciones honorificas, será entregado próximamente en una ceremonia en el Museo Nacional de Antropología, atendiendo los protocolos sanitarios.

 

La también titular del Proyecto Arqueológico Conjunto Monumental de Atzompa destacó que el galardón representa el reconocimiento al esfuerzo de un equipo de técnicos y especialistas de diferentes ramas, el cual ha trabajado con el objetivo de resarcir los daños provocados por los sismos de 2017 en Monte Albán-Atzompa, “y ha contribuido a la realización y ejecución del proyecto a lo largo de dos años. Sin su esfuerzo y dedicación no se hubiese podido ejecutar”.

 

La investigadora del Centro INAH Oaxaca indicó que la iniciativa se caracterizó por exponer una serie de propuestas metodológicas para la restauración y conservación del patrimonio, utilizando, por un lado, las teorías adecuadas y los lineamientos prácticos cimentados a lo largo de los años por el INAH, y por otro, el empleo de una serie de nuevas herramientas tecnológicas, enfocadas en los principios de la geología, las cuales permitieron hacer un registro y documentación de los daños de manera más amplia e integral.

 

Nelly Robles detalló que se recurrió a la multidisciplina, de manera que los trabajos, realizados en 2020 —aprovechando el cierre del sitio por la contingencia sanitaria por la COVID-19—, se efectuaron bajo la mirada de arqueólogos, arquitectos-restauradores, geólogos, ingenieros civiles y otros especialistas, además de la utilización de escáner 3D, equipos de geofísica (resistivímetro, magnetómetro y georradar), así como de laboratorios de Ciencias de la Tierra, que dieron la pauta para profundizar en los análisis estructurales y arquitectónicos de los monumentos dañados.

 

“Con el escáner se registró y documentó a mayor detalle y en menor tiempo cada edificio de Monte Albán-Atzompa; con los equipos de geofísica observamos y entendimos los problemas que tenían los edificios desde el interior, los cuales se verificaron con la excavación arqueológica del personal técnico”, explicó.

 

Asimismo, se contó con el apoyo del Instituto Tecnológico de Oaxaca, en cuyos laboratorios se procesaron muestras de sedimentos y mezclas para determinar la resistencia de materiales, así como los índices de capacidades de carga y mecánica de suelos. Mientras que la UNAM, a través del Instituto de Ingeniería, participó en la valoración de los deterioros estructurales y la búsqueda de soluciones prácticas.

 

“Sobre la base de los datos científicos se propició la discusión abierta y constante en un grupo colegiado, para buscar las mejores formas de intervenir los edificios afectados en las zonas arqueológicas de Monte Albán y Atzompa, aunque en esta última, también dañada por la fuerza de la naturaleza, la arquitectura es más modesta, residencias, hechas con estuco y piedra”, expuso.

 

La especialista del INAH afirmó que la interdisciplinariedad es necesaria en este tipo de proyectos por la magnitud de las problemáticas a las que se enfrentan. “Los sismos destruyen estructuras y materiales, por lo tanto, solo el análisis y las respuestas interdisciplinarias garantizan la conjugación de soluciones técnicas y valoración cultural, necesarias al intervenir las zonas de monumentos arqueológicos, artísticos e históricos.

 

“El uso de las nuevas tecnologías, por su carácter no invasivo, son recomendadas para cualquier sitio con declaratoria de Patrimonio Mundial, como Monte Albán. Su utilización ha facilitado y mejorado el desempeño de diferentes actividades en el campo, abriendo el panorama para buscar nuevas alternativas para el cuidado y protección del patrimonio”.

 

La experta subrayó que la integración tecnológica en los tratamientos de deterioros por sismos, es una respuesta moderna a una problemática permanente en las zonas monumentales, por lo que en Monte Albán-Atzompa continuarán explorando sus posibilidades, “no olvidemos que, parafraseando a sir Bernard Feilden, ‘la mejor inversión para la conservación de los grandes sitios son aquellos estudios y estrategias que desarrollamos entre dos terremotos’”.

 

Próximamente, los resultados de este trabajo serán dados a conocer en una publicación editada por el INAH, conjuntamente con el Centro Internacional de Estudios de Conservación y Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM, por sus siglas en inglés) y el World Monuments Fund.