Cuando establecieron la hegemonía, los peregrinos de Aztlán reestructuraron su pasado para que correspondiera a la grandeza que habían alcanzado, señala Patrick Johansson, quien publica una obra que indaga la fecha fundacional más allá de la oficial

 

Un águila parada sobre un tunal no es el único símbolo que existe sobre la fundación de México-Tenochtitlan, el ojo de agua sobre el que yacen ambos elementos, así como el ajolote son otros de los tantos personajes que marcaron el comienzo de un pueblo prehispánico, cuya historia nació con la creación del fuego, es decir, antes de iniciar su peregrinación de Aztlán a Tenochtitlan.

 

Ése es el argumento que ofrece Patrick Johansson, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en su reciente libro De Aztlán a Tenochtitlán. La gesta fundacional de la Ciudad de México, editado por la Academia Mexicana de la Lengua (AML) y que se presentará este 23 de noviembre a las 19:00 horas en la página de Facebook y del canal de YouTube de la AML.

 

Johansson señala que la historia de los mexicas, en específico, el año fundacional de México-Tenochtitlan siempre se ha modificado, por ejemplo, el gobernante Itzcóatl (siglo XV) mandó a destruir los libros pictográficos amoxtli, ya que éstos referían a tribulaciones pasadas, es decir, a su origen nómada que quizá no correspondía a una historia gloriosa.

 

Es por ello que el miembro de la AML explica que cuando se volvieron a pintar códices es posible que se hiciera una versión aumentada y corregida de la fundación de la nación mexica, a partir de 1428.

 

“En términos históricos, cuando los mexicas llegaron al Valle de México eran un pueblo nómada, migrantes nómadas, que buscaban un lugar para establecerse. Llegaron a una zona ocupada hace miles de años por otomíes y por los de Colhuacan, herederos de los toltecas, entonces tuvieron que buscar su lugar de manera muy pragmática”, narra Johansson.

 

Cuando establecieron la hegemonía, fue el gran pueblo de los mexicas, el pueblo del Sol, el pueblo de Huitzilopochtli que, en sincronía posterior, adquirió una mirada retrospectiva y reestructuraron su pasado para que correspondiera a la grandeza que habían alcanzado.

 

“Por eso, Itzcóatl mandó a quemar los códices porque la historia era de un pueblo nómada, luego de la victoria en 1428, en el año I pedernal, es posible –no digo que es cierto porque no tenemos los elementos para afirmarlo– una reconfiguración no sólo de la fecha, sino de las circunstancia de la fundación”, expresa Johansson.

 

Uno de los documentos que menciona el historiador en su libro es Histoyre du Mechique donde se cita que 1321 fue el año fundacional de México, lo cual desmiente y descarta Johansson a lo largo de su investigación.

 

“Es un documento que plantea esta fecha, pero no hay ningún fundamento, la fecha más probable es 1324. En mi libro doy otras fechas porque por mucho que 1324 esté en las fuentes, hay todo un camino que produce el espacio-tiempo del momento en que se funda el México-Tenochtitlan, toda la gestación es algo obstétrico porque es una gesta histórica mitológica. En mi estudio es evidente que abandono la fecha de 1321 para concentrarme en otras”, afirma el experto.

 

El investigador desarrolla el argumento de que la fundación inició mucho antes de que salieran de Aztlán y comenzaran una peregrinación que es narrada en el Códice Boturini, lo cual, hace que el pueblo mexica tuviera más símbolos que involucran la creación del fuego nuevo y al ajolote.

 

Para entender lo anterior, Johansson recuerda que el año en que los mexicas iniciaron su peregrinación, cuando salieron de Aztlán fue en 1-pedernal. “Uno pedernal es cuando salen, pero mi pregunta en este libro fue ¿cuál es la fecha que antecede a 1-pedernal? Es 13-caña, fecha del nacimiento del Sol”, comenta.

 

La historia de este peregrinar comienza en 2-caña, cuando se crean los instrumentos para producir fuego; después en el año 1-caña, tras una trecena de años, nace Quetzalcóatl; y en 13-caña nace el sol azteca 25 años después de la creación del fuego y eso se une a la Leyenda de los Soles donde el mundo se quedó en oscuridad durante 25 años. Al año siguiente, (1-pedernal), los aztecas salen de Aztlán y 27 años después nace Huitzilopochtli con la serpiente de fuego sobre el monte Coatépetl.

 

“Para mí, la creación del fuego ocurrió en Aztlán, y en 13-caña nació el Sol y al año siguiente los mexicas salieron para llevar el Sol a México-Tenochtitlan”, explica Johansson.

 

–¿El ajolote es otro símbolo de la fundación?

 

–En el libro hago una aportación nueva, una interpretación que me parece pertinente. Siempre se refiere al águila posada sobre un tunal, pero el ojo de agua (atlacomolli o mexco) se omite y el ojo es agua son los ojos en los cuales se refleja la luna (metztli).

 

“Eso nos remite a otro contexto, a Xólotl que es la estrella de noche, es Venus, la estrella vespertina y la que se refleja en el ojo de agua, en este caso, Axoloa que es uno de los portadores del dios Huitzilopochtli, se sumerge, habla con Tláloc quien le dice que va a compartir su reino en este lugar lacustre”.

 

“En otro mito, en el de la creación del Sol y la Luna, los dioses le dicen a Xolotl que debe morir, pero no quiere; entonces, huye y se transforma en maíz doble, lo alcanza la muerte y huye de nuevo, se transforma en maguey doble, huye y se transforma en axolotl, en ajolote, que es el gemelo del agua. Aquí estoy tratando de hacer una explicación de eso, hay una individualización del agua a la tierra que se vuelve agua de cielo que es la lluvia”.

 

–¿Para entender la fundación de México-Tenochtitlán tenemos que entender el pensamiento mexica anterior a la construcción de Templo Mayor?

 

–La circunstancia de la creación no es solamente un lugar y una fecha arbitraria, es toda una peregrinación, este camino de Aztlán a Tenochtitlan es una peregrinación que atraviesa una densa jungla cultural desconocida. Hay que tener cuidado porque las fuentes retratan una cierta realidad y también vemos la producción de un sentido a través de los mitos. Entonces hay que dar el paso hacia el otro, hacia el indígena, desde la empatía, de cómo pudieron haber visto ese camino de Aztlán a Tenochtitlan.

 

“En general, se busca rápidamente una fecha por contextos políticos, por efemérides, pero hay que ver la gestación compleja. Se habla de que los españoles llegaron, mataron e hicieron un genocidio, pero no se recalca la grandeza del mundo prehispánico y toda la riqueza de su pensar, de su forma de ser, de vivir y sentir.

 

“Por razones que ya conocemos, en la alianza de españoles con tlaxcaltecas y demás pueblos indígenas cayó el imperio mexica y fue el fin, apocalíptico, de una manera de ser, de sentir y pensar y también de una vida ecológica. Hoy es un momento de reflexión sobre el fin y me parecía importante hablar del comienzo mexica”, señala.

 

De aztecas a mexicas

 

Patrick Johansson dedica un capítulo de su libro a explicar en qué momento y por qué los aztecas cambiaron de nombre a mexicas.

 

“En Cuahuitl itzintla, los aztecas se toparon en el camino con los mimixcoas. Sacrificaron a Xiuhnel, Mimich, y a Teoxahualli, equivalente a Coyolxauhqui y por tanto encarnación de la luna en una de sus modalidades. A raíz de este encuentro y de lo que implicó este sacrificio, Huitzilopochtli cambió el nombre de su pueblo, de azteca a mexica”, escribe el investigador.

 

Otro elemento que Johansson explora es el origen mitológico del tunal, señala que es la semilla mitológica del tunal la constituye el corazón de Cópil, el hijo de Malinalxóchitl, hermana de Huitzilopochtli y personificación de la Luna. Huitzilopochtli aprovecha el sueño de su hermana para abandonarla en Malinalco. Este agravio suscita la ira de su hijo Cópil, quien decide matar a su tío y así vengar a su madre, pero Copil es a quien le extraen el corazón que se avienta en un lago donde está la piedra en la que Quetzalcóatl se sentó y de ese corazón brota el tunal, tenochtli, axis mundi del futuro asentamiento mexica.