El artista oaxaqueño concluyó su segundo mural del año, en la Colonia Obrera, en tanto que desde marzo exhibe otro en el Antiguo Colegio de San Ildefonso

 

Con dos murales en dos espacios distintos, el artista oaxaqueño Filogonio Naxín se suma a la conmemoración del centenario del muralismo nacional; distintas entre sí, reflejan los ideales de buscar que el arte llegue a la vista de un número amplio de mexicanos, aunque con la siguiente paradoja:

 

El primero de ellos se exhibe desde marzo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, “cuna del muralismo”, como se autoproclama el recinto al resguardo de la UNAM; el segundo, en una de las colonias populares de mayor tradición en la Ciudad de México, la Obrera

 

La obra “La leyenda de Quetzalcoatl” en San Ildefonso se exhibe de forma digital en “Kixpatla, cambiar de vista, cambiar de rostro. Arte y Cosmopolítica”, que al igual que toda la exposición se encuentra disponible sólo de manera digital y en un recorrido de 360 grados. En tanto el semáforo epidemiológico no llegue al color amarillo en la capital, los recintos culturales y académicos de la UNAM no reanudarán actividades presenciales.  

 

Por otra parte, el artista mazateco concluyó recientemente el mural “Chuú xí sínkuenda ngasundie” (Los nahuales de la Tierra), el cual se encuentra frente a Taller 75°, uno de los estudios de serigrafía con mayor tradición en la capital. Al aire libre, el mural goza de la visita presencial de los transeúntes y vecinos, con una vida perdurable hasta donde lo permita el material.

 

“LA LEYENDA DE QUETZALCOATL”

 

En San Ildefonso, el mural efímero y toda la exposición seguirán en espera de visitantes presenciales. Aún así, en la inmersión digital se puede apreciar “La leyenda de Quetzalcoatl”, donde Filogonio Naxín emplea una de sus técnicas predilectas, el collage –obtenido a partir de historietas populares mexicanas—, pero en un gran formato. 

 

"La leyenda de Quetzalcoatl” está compuesto por un collage monumental, que forma parte de la exposición “Kixpatla, cambiar de vista, cambiar de rostro…”.

 

“En mi proceso es muy importante el diálogo que tengo con el espacio a trabajar. En el tema de ‘La leyenda de Quetzalcoatl’ muestro la fusión de los personajes con cuellos largos, personajes del tema histórico de la Conquista, y toqué también el tema que aborda la exposición: la fusión de los seres humanos, el chamanismo y los nahuales”, explica el artista a Crónica.

 

En el marco de la inauguración de la muestra, inicios de marzo, Filogonio expresó que además de las técnicas de collage y los cuellos altos, icónicos de su obra, incorporó también blancos para así no llenar y saturar el espacio y así “romper la imagen del mural al que estamos acostumbrados”.

 

Sobre su obra en collage, Alfredo López Austin ha escrito que es una técnica con la que el artista tiende un puente de comunicación. “Ahora incorpora al diálogo figuras del arte popular urbano. Les da sentido propio. Se adueña de la escena al colocar él las cabezas. Son tan grandes que tiene que unirlas al cuello con largos cuellos en forma de zanahoria”.

 

De un formato más pequeño lo trasladó al muro, relata; se trata de mural efímero, dónde al final sólo queda el registro. Parte de ese registro se puede apreciar en su página de YouTube, en un video producido por Cristal Mora. “Para mi fue muy importante llevar mi collage monumental, que es un estilo de mural diferente, al Antiguo Colegio de San Ildefonso, un lugar muy importante para el muralismo mexicano”.

 

“CHUÚ XÍ SÍNKUENDA NGASUNDIE”

 

En la calle de Álvarez de Icaza #15-B, en la Colonia Obrera, Naxín aborda la cosmovisión de la cultura mazateca en “Chuú xí sínkuenda ngasundie”, donde los nahuales de la Tierra intentan sostenerla del colapso medioambiental. “Es una forma de concientizar a las personas de la situación de nuestro planeta y el calentamiento global que está sufriendo”, manifiesta el oaxaqueño.

 

“Chuú xí sínkuenda ngasundie” se exhibe frente a Taller 75°, en la Colonia Obrera.

 

Estos guardianes forman parte del bestiario mazateco que el artista ha representado constantemente en su obra, aunque en un formato de 9 metros de largo por cuatro de altura. “Fue un ejercicio más lúdico del que no hice boceto, sino que fui dialogando y escuchando lo que me pedía el mismo muro; eso sí, no me despego de la cultura mazateca y de los coloridos oaxaqueños”. Como en toda su obra, la lengua mazateca fortalece la iconografía generando inquietudes al espectador que no la comprende, pero que busca contextualizar en la imagen llena de símbolos.

 

A inicios del 2020, el historiador y especialista en cosmovisión prehispánica, Alfredo López Austin, escribió un ensayo sobre la obra de Filogonio Naxín para el catálogo de su última exposición con público, antes de la pandemia: “Ngasundiera Naxín” (El mundo de Naxín), expuesta en la FES Acatlán de la UNAM.

 

El texto del sabio y Premio Nacional de Artes y Literatura es una de las mejores descripciones que se han realizado de su obra y que pueden identificarse en “Chuú xí sínkuenda ngasundie”:

 

“Tal creación es gozosa; es expresión de un rico mundo interno; es explicación de las figuras y los colores que escapan a la rigidez de leyes de la física, la anatomía, la fisiología y los silogismos; es el producto de razones y emociones propias de la concentración nocturna. En esa abstracción tan próxima a la racionalidad y a la vivencia oníricas, los colores pueden disciplinarse para llenar los límites señalados por el croquis; pueden, por el contrario, sugerir o determinar el boceto, o pueden, por último, liberar ambos, boceto y color, hasta que cada uno establezca su propia posición dentro del cuadro. En su actividad Naxín pretende encontrar formas y colores; pero, más allá, en el forcejeo entre la voluntad de hacer y la resistencia de la materia, el producto descubre a Naxín mucho de lo que es Naxín”.