A muy pocos días de conmemorarse el 325 aniversario de la muerte de la décima musa novohispana, el próximo 17 de abril, su pensamiento está más vigente que nunca. Los pasados hechos, de manifestaciones feministas en el mundo entero así lo constatan. El fenómeno que tuvimos ocasión de verificar el pasado domingo ocho de marzo así lo atestigua. Hoy como ayer las mujeres son víctimas del maltrato, el acoso, la discriminación, la violencia y la injusticia, tal como lo denunció valientemente sor Juana hace más de trescientos años. El Virreinato de la Nueva España sojuzgaba a la mujer, pero dentro del sistema virreinal había una estructura omnímoda que embaucaba mujeres núbiles con la falsa promesa de tener una vida idílica al servicio de Dios. Pasados los años y debido a su vena literaria y rebelde, ella fue víctima del  más vil de los acosos: el de la poderosa iglesia católica romana; la única permitida, la oficial, la dueña y señora del mundo novohispano; la que gobernaba en complicidad con los reyes españoles; fanáticos religiosos al servicio de los papas. Su relativa libertad fue de golpe coartada cuando un arzobispo misógino y atrabiliario decidió acallarla y someterla porque no  toleraba que una monja, por ser mujer, estudiara, escribiera, y eventualmente los cuestionara.

 

Para someterla, se valieron del oprobioso recurso de la amenaza de la tortura y de la hoguera de la Santa Inquisición. Por más que han matizado su sospechosa muerte haciendo correr el rumor de que murió a consecuencia de un contagio, hoy sabemos, porque la historia así lo constata, que fue víctima de una acción concertada para acallarla para siempre.  Por fortuna no lo lograron; cientos de ediciones han impreso su obra esperando a ser leída por las nuevas generaciones; esa es nuestra responsabilidad, pero también es un  privilegio conocer una obra que hizo a pesar del sigilo, del ojo vigilante de la censura religiosa, y del acoso lacerante. Una obra que costó una vida y que se firmó literalmente con sangre. Ese fue el precio que tuvo que pagar sor Juana. Un legado y un ejemplo para todas las mujeres del mundo que desean superarse muy a pesar de las limitaciones más diversas y las censuras más oprobiosas.

 

 Respecto a la muerte de sor Juana, yo tengo mi versión de los hechos. En el libro intitulado “El verdadero origen de la iglesia católico romana” (disponible en internet), le dedicamos un bonito capítulo, el doce, a narrar cómo muy probablemente ocurrieron los hechos.

 

Hoy, 325 años después de su muerte, nuestro pueblo sigue ignorando el alcance de esta historia, pero  los resultados sociológicos de esa política virreinal oprobiosa se dejan ver en nuestro tiempo: ignorancia, manipulación, niños de la calle, mujeres mendicantes, delincuencia, prohibición a las mujeres de disponer de sus propios cuerpos. Los efectos de quinientos años de ignominia saltan a la vista.  Por ese motivo la lucha de sor Juana está más vigente que nunca. Ante la indiferencia de algunos y el desprecio de otros, el mundo occidental conmemoró con gran ímpetu y renovados bríos el día internacional de la mujer. El ocho de marzo es una fecha icónica que surgió de las demandas por la igualdad de derechos laborales de la mujer trabajadora, pero no fue hasta 1920 que se definió como Día Internacional de la mujer. Desde entonces las demandas feministas no han cesado de manifestarse a lo largo de décadas de lucha. Mucho es lo que se ha logrado desde entonces; sin embargo, la violencia exacerbada que se registra hoy en día contra las mujeres nos debe llamar a la más profunda reflexión ¿Qué es lo que está pasando? ¿Cómo podemos explicar que en el más alto estadio de los avances tecnológicos, tengamos tan graves atrasos en este tema? Mucho nos tendrían que explicar los sociólogos y antropólogos expertos en la materia, no he oído de alguna versión que me convenza, no logran poner el cascabel al gato. Lo que sí sabemos, es que el avasallamiento de la mujer ha tenido lamentables episodios en nuestra patria. Cobra sentido recordar la lucha de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida como sor Juana Inés de la Cruz.  

 

 

Colaboración no. 15   José Andrés Enrique Cervantes López.

Viernes 13 de marzo del 2020.