Plutarco de Queronea historiador y filósofo, nació en el seno de una familia acomodada en la región Beocia de Grecia occidental en el año 50 d. de C., bajo el dominio del imperio Romano; desde luego, esto último no obstaculizó que fuera hombre religioso, tanto, que hasta llegó a fungir como sacerdote de Apolo en el famoso oráculo de Delfos. Pero como hombre privilegiado que era, recibió una educación esmerada en la Academia de Platón, llegando a ser un importante diplomático, siempre ligado a las élites gobernantes. Pero su fama se debe principalmente a su obra literaria; la más conocida es sin duda “Vidas Paralelas”; en ella nos relata por pares, la vida y obra de diversos personajes históricos, ligando a los personajes griegos con los romanos – adulando con la simple comparación a estos últimos, compaginando la leyenda y el mito con los hechos reales, como es el caso de la vida de Teseo (griego), con Rómulo (romano);  el primero, ilustre varón de vocación democrática que gobernó Atenas con sabiduría, pero que se dio tiempo para protagonizar leyendas fantásticas como por ejemplo la de haber dado muerte al minotauro, mítico personaje, mitad hombre, mitad toro, al que venció gracias a la ayuda de una hermosa doncella, que nada más le vio, se enamoró de él: Ariadna. Pero esa fue solo una de sus hazañas. Teseo tenía dotes, según nos cuenta Plutarco, de líder político, legislador, estratega militar y navegante, además de exitoso galán. A su muerte fue venerado como dios. Rómulo, fundador de Roma, no se quedó a la zaga, también fue deificado. 

 

De la obra original, se conservan veintidós pares de biografías, entre las que destacan la de Julio César y Alejandro magno, las más leídas.

 

En lo personal, me parece particularmente importante la vida de Licurgo, eminente legislador espartano que después de estudiar las leyes de las polis vecinas, enseñó a moderar la desigualdad económica repartiendo la riqueza e introduciendo el contrapeso del Senado, enseñando que las costumbres de los pueblos eran mejores aun que las leyes escritas (ojo). Y cómo olvidar a Numa Pompilio, quien fue el verdadero fundador de la religión católico romana. Este personaje –al contrario de Licurgo-, enseñó a su pueblo a ser aún más religioso y dependiente de la autoridad eclesiástica, instituyendo para ello el orden sacerdotal, la rígida regla para las vírgenes vestales (las actuales mojas conventuales) –al servicio de la flama perpetua de la diosa Vesta, protectora de la ciudad-, le puso el nombre de sus dioses a los días y los meses – los cuales hasta hoy usamos (martes en honor a Marte, miércoles en honor a mercurio etc.- Y en fin les enseñó que había muchos, pero muchos dioses, a los cuales había que honrar y sacrificar todos los días del año. Él no fue el que inventó lo de detonar miles de cohetones -eso vino después (por desgracia, esta linda costumbre, actualmente sólo se practica en México). Pero sentó las bases para que la religión influyera en todos los asuntos políticos y sociales de la antigua Roma, -como hasta hoy. Pero lo que les quería compartir, era que en el tomo VII de “obras morales y de costumbres” de Plutarco, me encontré en bonito capítulo que trata “sobre la charlatanería”; ¿habría charlatanes en la antigua Grecia? Amigos, paisanos y compatriotas, ¡todo lo que han visto, y puedan llegar a ver, lo habían conocido los antiguos Griegos!, no hay nada nuevo bajo el sol; he aquí sólo algunos fragmentos  del capítulo en cuestión:

 

1.- Penosa y difícil es para la filosofía la curación de la charlatanería. Pues su remedio, la palabra, es propio de quienes escuchan, pero los charlatanes no escuchan a nadie porque siempre están parloteando. La falta de silencio lleva consigo este primer mal, la imposibilidad de escuchar. Pues es una sordera voluntaria de personas, a mi ver, que reprochan a la naturaleza por tener una sola lengua y dos oídos.

                  

2.- Con todo, si te parece no dejar nada de probar, digamos al charlatán:

 

Hijo, calla. El silencio tiene muchas cosas bellas,

 

Y  dos son las primeras, el oír y el ser oído, de los cuales a los charlatanes les ocurre no tomar parte en ninguna de las dos…. (Pág. 245 op. Cit.)

Y como no los quiero aburrir; ni yo tampoco, concluyo:

 “el parlanchineo alimenta la risa, no GENERA INVERSIÓN”; Manuel J. Jáuregui, Periódico Reforma; opinión, miércoles 12 de febrero.