Bernal Díaz del Castillo, que está de moda, comenta en su famosa crónica de la conquista, que la palabra indígena que designa al cobre, para diferenciarlo del oro, era “tepusque”. Nos comenta que los conquistadores españoles  empezaron a emplear el vocablo para referirse a personas “que no son de tanta calidad”. “Tepusque”, no sobrevivió al paso del tiempo.

 

Meteco, la palabra de origen griego para designar a los extranjeros, la utiliza con cierto aire peyorativo, nada menos que José Vasconcelos en sus memorias, cuando comenta: “en Paris, todos nosotros [refugiados políticos de origen latino] somos metecos”. 

 

Naco, que en México tiene una acepción peyorativa, se usa para designar una persona de origen indígena. El diccionario digital comenta que se trata de una posible aféresis – de la supresión de un sonido al principio de la palabra-de “totonaco”; aunque Paco Calderón, el egregio caricaturista del periódico reforma, nos aclara que esto recientemente ha cambiado, pues hoy designa a un gringo rubio atrabiliario e ignorante. Sí, adivinaron de quien se trata.

 

 Fifí, que también está de moda, es un poco más extenso de explicar:

 

Guy de Maupassant fue un prolífico escritor francés “naturalista”, que nos dejó un legado inapreciable de historias breves con un gran contenido coloquial y humano, que no necesariamente mundano. Aunque vivió sólo cuarenta y tres años- nace en Normandía en 1850, se dio tiempo para obsequiarnos interesantes cuentos breves, fáciles de leer, tan amenos como aleccionadores. Se trata de narrar la experiencia humana sin la solemnidad romántica de la época en que nació; de contar la “verdad humilde” de sus experiencias y andanzas. Con la más simple y clara manufactura descriptiva,  capaz de transportarnos a su mundo, al mundo real sin disimulo ni ambages en que vivió, a contrapelo, en la época del segundo imperio, el de Napoleón III Bonaparte.

 

La Editorial Porrúa también nos obsequia una edición económica de “Sepan cuantos…”, de cuentos de este destacado autor, entre los que destaca  “Mademoiselle fifí” (1882), paradójicamente no se trata de una señorita (mademoiselle), sino de un caballero, un militar “un rubito fiero y brutal con la tropa, despiadado con los vencidos, violento como un arma de fuego” al cual le apodaron : mademoiselle fifí;  “obedecía este apodo a la coquetería de su expresión, a su talle, que parecía ajustado como un corsé, a la palidez femenina de su rostro, donde apenas asomaba el bozo naciente, y también a la costumbre que adquirió para mostrar su desprecio soberano hacia las personas y las cosas, de usar a cada punto la locución francesa Phi, Phi, donc [entonces], pronunciándola con una especie de silbido”.

 

En esta historia, en la que el autor reprocha soterradamente las invasiones injerencistas de las potencias europeas, nos obsequia un relato de felicidad cuando deciden en alegre corro, los cinco altos mandos militares, mitigar el aburrimiento,  para lo cual recurrieron al ingente recurso de hacer una fiesta “si el comandante lo permite”. – Todo corre de mi cuenta mi comandante. El sargento nos traerá mujeres de Ruán; yo sé dónde puede ir por ellas. Preparemos una magnífica cena…  Cinco hermosas prostitutas alegraron el festín hasta que apareció la discordia y las ofensas entre los militares y las mujeres públicas del país invadido. Tras las ofensas e insultos a la patria gala, mademoiselle fifí salió herido de muerte por la mano de su ofendida y provisional consorte, la cual tuvo la oportunidad de escapar al castigo y venganza del ejército invasor.

 

Quiero imaginar, que esta lúdica historia, que ridiculiza a los prusianos invasores, muy probablemente inspiró a la novela de Mario Vargas Llosa intitulada “Pantaleón y las visitadoras”, en dónde la milicia necesitada de diversión, organiza un pelotón de prostitutas al servicio de los soldados de la  nación, en este caso,  peruana; asunto del que tampoco sale completamente ileso el responsable de la organización. Pero si quieren conocer el cuento completo, que bien vale la pena, lean “mademoiselle fifí” de Guy de Maupassant.