A propósito de los 500 años del desembarco de Cortés en las costas de Veracruz, reviso la “Historia  verdadera de la conquista de la Nueva España” y me encuentro un párrafo que llama poderosamente mi atención:

 

Y luego mandó Cortés a Gonzalo de Sandoval que dejase aquello de Iztapalapa y fuese por tierra a poner cerco a otra calzada que va desde México a un pueblo que se dice Tepeaquilla, adonde ahora llaman Nuestra Señora de Guadalupe, donde hace y ha hecho muchos y santos milagros. Pág. 393 Op.cit.

 

Esto es: Bernal Díaz del Castillo acepta tácitamente a que a sólo diez años de la destrucción total de la gran Tenochtitlán, un indito de nombre Juan Diego, que iba a oír misa a la naciente ciudad de México, se encontró con la milagrosa imagen.

 

Lo que Bernal no explica, es que en ese preciso lugar se veneraba a la diosa Tonantzin, la madrecita de los antiguos mexicanos. Tampoco explica, ni tiene por qué hacerlo, es que en España se veneraban nada menos que siete vírgenes negras, una de las cuales es la de  Guadalupe de Cáceres, en Extremadura, la tierra de Hernán Cortés, venerada desde 1326;  que el vocablo Guad, es árabe, y que significa río;  Wad-al-hub castellanizado significa: río del amor.  

 

La religiosidad de los conquistadores es más evidente en las crónicas de la conquista, además, venían acompañados de ciertos frailes y clérigos que los ponían a rezar y a oír misa antes de alguna beligerante acción. Se encargaban de que los conquistadores plantasen cruces para  venerarlas, por donde quiera que iban.

 

Ante estos hechos gloriosos, que culminaron con la fundación del Virreinato de la Nueva España, hay que comentar lo que dice el historiador inglés David Brading:  “los verdaderos fundadores de la Nueva España, no fueron los conquistadores que llegaron en 1519, sino los frailes que arribaron en 1524”. Pero como no los quiero aburrir, les recomiendo que lean en las memorias de Fray Servando Teresa de Mier, los párrafos donde el mismo comenta cómo cuestionó en un discurso ¡En el aniversario de la susodicha aparición¡, en frente de las máximas autoridades, todo el mito Guadalupano. Le valió el destierro, entre otras ilegales y arbitrarias medidas de represión. La historia da para una película, se van a sorprender.