Peatones, casas habitación, establecimientos comerciales y autos no se salvan de robos y asaltos. Mujeres y taxistas tampoco están exentos de asesinatos y secuestros. Los saqueadores de combustible ponen en jaque a las policiales estatales y ministeriales, tomas clandestinas en ductos de gasolina y decomisos siguen siendo frecuentes. Existe la imperiosa necesidad de implementar estrategias urgentes para prevenir el robo de niños y niñas. La explosión de polvorines donde se produce pirotecnia ha aportado su propia cuota de víctimas. Urge crear ley reglamentaria de fuegos pirotécnicos en Tlaxcala. Los continuos intentos de linchamiento contra presuntos ladrones y violadores también son frecuentes en la entidad. La trata de personas debe dejar de ser referencia de Tlaxcala.  

 

Pareciera que la seguridad en la entidad y el país se han relajado. Pues, también en ciertas festividades o fiestas se ve reflejado el fenómeno de la violencia de alta probabilidad y alta intensidad. La muerte de un joven por arma blanca perpetrado por desconocidos en un remate de carnaval en el Barrio de Axala en el Municipio de Zacatelco en días pasados habla por sí mismo. Las campañas para regular el consumo de alcohol en celebraciones de cualquier índole no deben limitarse a corridas de toros (aquí no matan gente pero si inocentes animales), tientas de baquillas o demostración de escaramuzas. Acertadamente se han regulado los horarios de funcionamiento de restaurantes y bares en la Ciudad de Tlaxcala hasta las 2 am y no hasta la madrugada como antes. El motivo de esta regulación es obvia: Las constantes riñas y escándalos de gente alcoholizada.         

 

El grado de inseguridad y violencia en Tlaxcala también tiene su reflejo y múltiples aristas en manifestaciones de organizaciones populares, de mujeres contra la violencia, frentes campesinos y organizaciones estudiantiles demandando matriculas, viviendas, justicia contra los últimos feminicidios registrados en nuestra entidad. Tlaxcala no está exento de ciertas variedades de violencia como el trabajo y la explotación infantil, situación que debe revertirse por completo por medio de un sistema de protección específico para este sector tan vulnerable. Resulta del todo inaceptable que siga proliferando la explotándose sexual infantil con niñas y niños mexicanos en nuestro territorio y en el extranjero.

 

Es sabido que los lugares con alta probabilidad de inseguridad y violencia son en las grandes aglomeraciones de gente como mítines, marchas, manifestaciones, ferias, bailes públicos y de paga, excursiones, peregrinaciones y procesiones, estaciones de tren (metro), aeropuertos, en todo tipo de eventos religiosos al aire libre y/o públicos, entre otros. Las instancias encargadas de brindar seguridad saben, sin lugar a la duda, que estos espacios deben estar estrechamente vigilados (desde luego con el apoyo ciudadano) y con estrategias efectivas que no solo corrijan el problema, sino que lo prevengan. Estamos conscientes que no es posible disponer de un agente de policía tras la espalda de todos y cada uno de los ciudadanos que conformamos Tlaxcala y México, pero con inteligencia, imaginación e innovación seguramente se llegara a buen puerto.

 

Desde sistemas de video vigilancia móvil (que incluya flotillas de drones) hasta redes ciudadanas activas serán necesarias para evitar y denunciar actos delictivos de forma inmediata o antes de que se cometa el delito. Habría que considerar que tan correcto o sensato resulta seguir colocando en las paredes de las casas aquellos anuncios color rojo que dicen textualmente: “Vecino vigilante. Cuidado rata, te estamos vigilando, si te sorprendemos te linchamos”. ¿Deben erradicarse estas formas de intentar conseguir un poco de seguridad? Desde el particular punto de vista de Status Quo estos anuncios que contienen esa advertencia y/o amenaza promueve el “ajusticiamiento por su propia mano”, esto es, “cuando las autoridades no han sido capaces de hacer justicia” la gente lo hace por su propia decisión y a su manera, que comúnmente no es la correcta. 

 

Desde los núcleos familiares debe comenzar una formación con valores con la idea de prevenir las posibles malas acciones de los menores. Las escuelas para madres y padres de familia no existen en México. No nos educaron para ser cabezas de familia, pero si resulta intuitivo que  padres o madres   de familia que “rehacen su vida” llevándose a sus hijos con sus nuevas parejas, les provocan un daño  terrible. Son estos niños y niñas que en futuro no tan lejano retroalimentaran este fenómeno, el de la violencia e inseguridad en escala.

 

 

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