De ninguna forma es relevante que las  peleas de gallos sean legales en la Feria de San Marcos, Aguascalientes, y mucho menos la intentona

de hacer lo mismo en Tlaxcala. Sólo en este tipo de ferias es legal organizar peleas de gallos y apostar por el resultado. Junto con estas peleas se organizan juegos de azar, también ilegales en Tlaxcala, pero no en la Feria de San Marcos. Aun así y con la complacencia de autoridades existen innumerables sujetos que organizan de forma clandestina estos eventos, donde el consumo de alcohol y las rencillas entre los que “no saben perder” son de lo más común. Según la Asociación de Criadores de Aves de Casta, anualmente la Secretaría de Gobernación de México otorga unos 4.500 permisos para celebrar estos espectáculos, aunque son incalculables los combates clandestinos.

 

No se justifica la crueldad con estos y otros animales. Durante estos encuentros los delirantes asistentes llegan al éxtasis magnificado por el consumo de bebidas embriagantes que los llevan a niveles de adrenalina que rayan en la locura, no importa si ganan o pierden, lo importante es ver sangre, ver que el animal o los animales se desangran o mueren. “Un juez de peleas de gallos explica que picar, morder o perseguir es la forma en que un gallo gana puntos en una pelea, que usualmente termina cuando uno de los animales muere. Estos animales son entrenados y condicionados a matar al otro gallo en menos de veinte minutos. Son visibles las malas acciones tipificadas como “festividades tradicionales”, donde es común la tortura hasta la muerte no solo de gallos, sino también de toros, “la fiesta brava”. Ojo: A veces un gallo es nombrado "ganador" a pesar de resultar muerto si el otro ha huido cuando el primero estaba moribundo. (http://www.igualdadanimal.org/noticias/mexico-peleas-de-gallos-en-la-feria-de-san-marcos).

 

Con todo y esto un grupo de legisladores que se autodenominan de “izquierda”, ponen en práctica su resplandeciente y protagónico ocio. Textual: “al ser declarada esta tradición como patrimonio cultural inmaterial del estado, se convierte en un deber de la población el cuidarla y fomentarla, para que se continúe transmitiendo de generación en generación, pues fomentan un sentimiento de identidad y continuidad histórica, contribuyendo a nuestra identidad cultural”. Existen problemas pendientes de solución que si son relevantes en Tlaxcala. Nadie tiene el deber de cuidar o fomentar algo si antes no fue consultado a través de algún mecanismo para legitimar dicho “deber”. Podrían estos diputados de “izquierda” legislar de forma seria y retomar con la misma seriedad la Ley de protección a los animales para el Estado de Tlaxcala, por mencionar un ejemplo.

 

No se demerita el difícil trabajo de criar o entrenar a este tipo de animales. Los explotadores de gallos condicionan a sus animales y los someten a una estricta dieta, los desparasitan y los descrestan. ¡Y para envilecerlos les dan a comer su propia cresta partida en pedazos! El ocio se define como la circunstancia de la persona que está ociosa o inactiva y esto sucede con los integrantes de la fracción parlamentaria del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Tlaxcala. Pues, al presentar una iniciativa con proyecto de Decreto, con el que pretenden declarar a la crianza, producción y pelea de aves de combate como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Tlaxcala, solo demuestran su carente respeto por la vida, por mera y vulgar diversión. Sin olvidar, desde luego, que se trata de una actividad económica que genera muchos empleos.

 

En las peleas de gallos se organizan entre pelea y pelea, juegos de azar con cartas donde las apuestas corren por miles de pesos y en especie. Los que gustan de este tipo de apuestas son definidos como el tahúr del palenque. Los diputados de esta fracción simpatizantes del tahúr y galleros de coraza, sacaron a relucir su aguda visión y perspectiva empresarial en materia de turismo: “La pelea de gallos es una actividad turística para el estado y genera actividades agrícolas, aunado a que es una actividad ancestral”. Con tal de ir por un curul, ya no importa si es por el PAN o el por el PRD, tratarán de “ser convincentes (en campaña) y hablaran de la necesaria y quizá prioritaria sensibilización en el plano local de su importancia y reconocimiento”, de las peleas de gallos, claro.

 

Sin duda estos diputados transitan por una crisis de identidad y ahora experimentan sentimientos de charros, tahúres, mariachis, ganaderos o rancheros y sus palabras los delatan: “la crianza, la producción y las peleas de gallos son un verdadero arte que se refleja en la simbología de dos gallos en pleno y furioso combate, que representan la fuerza, el adiestramiento físico, la belleza y la nobleza de los gallos, simbología que lleva el traje de charro, la hebillas de los cinturones, las camisas típicas, los trofeos y adornos, (omitieron las marcas de tequilas que también llevan gallos) en suma, dos gallos en pleno combate”. Con estos discursos en campaña endulzarán y quizás logren las lágrimas de algunos incondicionales que disfrazados de “rancheritos” dirán que ellos si quieren a México. 

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