Neta que José Antonio Mead la tiene bien complicada si quiere ganar la elección presidencial. Los precios se dispararon, el salario aumentó una ridiculez y la raza está encabritada.

 

2017 ha sido el año más violento de la historia y ese fenómeno, la inseguridad nos acompaña permanentemente y nos quita la tranquilidad.

 

Con bombo y platillo se anunció el relevo en el Banco de México... no pues ¡bravo!, pero las cosas siguen igual de caras y por más discursos engañosos al estilo de Enrique Ochoa, la realidad no se puede ocultar.

 

En nuestro país 35 familias desayunan en vajilla de oro, y hasta bromean con la gravedad de la corrupción; dice Peña Nieto que es parte de nuestra cultura.

 

A Duarte y otros gobernadores ratas los metieron al tambo, pero no pasa nada. A ex mandatarios como manchis, lo vemos festejando muy quitado de la pena con Diego Fernández y Romero Deschamps... y no pasa nada.

 

Bueno, si Mead no quiere hacer el papel de Madrazo o Labastida el día de las votaciones, tiene que fajarse los pantaloncitos y generar un cambio de 180 grados porque, aludiendo a las expresiones de Andrés Manuel López Obrador, estamos en el vil despeñadero.

 

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