Antes lo llamaban el ungido porque automáticamente se convertiría en presidente, pero ahora ochenta por ciento de los mexicanos quiere un cambio.

Así que José Antonio Mead Kuribeña no la tiene nada fácil.

 

Primero tiene que desmarcarse del absorvente priísmo e impedir que lo conviertan en un Labastida Ochoa, rodeado de candidatos-delincuentes a diputados y senadores.

 

La neta, salvo la deslumbrante sonrisa de Mead, no le conocemos un discurso que emane de su verdadera esencia.

 

Ha de ser dificil al mismo tiempo hacerla de tricolor, panista, tecnócrata y recaudador, bueno ya dejó de ser titular del SAT, ahora veremos su legado de progreso para el país, y también de inflación, devaluación, gasolinazos y tolerancia con los que se sienten dueños de la nación.

 

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