"La grandeza de una nación y su progreso moral  puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados."

Gandhi

 

No, no me refiero a los políticos de baja calaña, corruptos, sin ofender a los perros. Me refiero a los perros genéticos, a nuestros acompañantes de siglos. No se trata de una situación de coyuntura temporal generada por l@s perr@s rescatistas en el sismo del pasado 19 de septiembre. En tal caso el comentario habría sido el pasado 22 de julio, fecha en que se celebra el Día Mundial del Perro. De ninguna manera resulta ocioso reflexionar y escribir sobre nuestros fieles amigos caninos. Aunque no exista una fecha precisa para celebrar en México a estos héroes cuadrúpedos celebremos a nuestras mascotas este día y todos los del año brindándoles respeto y cariño. Tu mascota te agradecerá infinitamente que lo saques de paseo y de vez en cuando le des un buen baño, pues muchos le rehúyen al agua. El status para los perrunos debe estar libre de “veneno” por parte de los vecinos y hasta de sus propios “amos”.

 

Se debe erradicar la mala costumbre de abandonarlos y acrecentar el fenómeno de “perros callejeros”. La historia real y dantesca de la señora que alimentaba a sus mascotas mayores con cachorros recién nacidos no es normal y tampoco lo debe ser el de perr@s de todas las edades atropellados y abandonados, agonizantes o muertos a la orilla de la carretera con cal encima para que no huela mal ni se convierta en un potencial foco de infección. Sin lugar a dudas las leyes encargadas de proteger a estos nobles animales son deficientes y no garantizan la protección plena, de hecho en la mayoría de México estas leyes son letra muerta. La aniquilación de perros por parte de las instancias de salud con gas es lenta y dolorosa, los métodos para su captura por la perrera municipal son crueles y esto debe acabarse y buscar alternativas serias como campañas oportunas de adopción de estas mascotas en lugar de quitarles la vida.

 

Las matanzas masivas de perros (y gatos) antes y después de la Guerra de Independencia y la Revolución de 1910 en México, jamás deben repetirse en la actualidad. Hoy existen las campañas de esterilización y no la proliferación de restaurantes chinos que cocinan perrito (por ser fácil de cocer y buen sabor) en sus platillos y/o “muchos” taqueros sustituyendo carne de cerdo o res por carne de can (y esto ya no es exclusivo de las grandes ciudades). Existen algunos criaderos de Xoloizcuintle o perro calvo mexicano (prácticamente sin pelo, con la piel oscura y arrugada) para el consumo humano (antes era considerado un animal mágico y sagrado por los antiguos aztecas). El desprecio hacia estos animales debe acabar, pues un perro es un compañero, un integrante de la familia que brinda alegría a todas las personas que lo rodean y afecto que nos demuestran.

 

Se ha demostrado científicamente que un perro siente pasión y amor, es por ello que tiene la necesidad de caricias y de afecto. De acuerdo con información del INEGI, México es el país de América Latina que más perros tiene, pues un 80 % de los habitantes tiene un canino en el hogar. Habría que ver qué porcentaje de estos disponen de los cuidados necesarios para su real bienestar. No existen suficientes familias que vean a su mascota como a un hijo y le inviertan recursos pero sobre todo mucho amor. El viejo juicio apriorístico de que el mejor amigo del hombre es el perro es indiscutible e inatacable, lo mismo sucede con la inteligencia de estos, y si, solo les falta hablar. Evidentemente el dinero resulta determinante para hablar de alimentos y objetos necesarios como juguetes, ropa y artículos para su higiene, atención veterinaria y dental, incluso seguro contra robo y gastos funerarios.

 

De aproximadamente 18 millones de perros existentes en México, sólo 30 por ciento tiene dueño y el resto vive sin hogar (abandono directo o en situación de calle). Y si su crecimiento es del 20% anual pronto estaremos frente a un boom perruno. Para prevenir esto es necesario implementar campañas constantes para la esterilización de por lo menos 60 mil cachorros. Aquí es donde resulta y debe seguir resultando loable el activismo de organizaciones y asociaciones civiles y gubernamentales para promover la adopción de perros en lugar de comprarlos. Claro, el cariño de estos animalitos no tiene signo de pesos. Además, los caninos seguirán apoyando al hombre en labores humanitarias. Retomo: Ya lo dijo el escritor checo Franz Kafka: “Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro” (La Jornada digital, noviembre 8, 2017).

 

Claro, en México también se tienen máximas del perro como la siguiente: El perro Xoloitzcuintle es la raza de los mil nombres, ya que también es conocido como perro azteca, perro calvo mexicano,  o simplemente Xolo. Mejor aún, por amor a los perros no falta gente que les rinde tributo poniéndose nombres como “Los patita de perro”, grupo compositor de rock para y no tan niños, Gabriel García Márquez y su cuento Ojos de perro azul, Colmillo blanco de Jack London lectura obligada como Ojos de perro siberiano de Antonio Santa Ana o los japonenses y el monumento de Hachie (no estoy seguro de que así se escriba) portando un chaleco semejante al que porto la Perrita rescatadora de la Secretaría de Marina. Esto es lo que debe prevalecer y no la negligencia e intolerancia de automovilistas e incluso de agentes de policía para con los caninos que caminan o duermen en la calle.