Para nadie resulta desconocido y menos sorprendente que los partidos políticos en México están más que deslegitimados y su crisis va en caída libre. Sin embargo, las posibilidades de que estos desaparezcan son prácticamente nulas. Las élites de los poderes facticos son los principales interesados en mantener el actual estado de cosas, que prevalezcan las “prerrogativas” para partidos, que se mantenga inamovible el reparto del pastel presupuestal proveniente de los impuestos de los ciudadanos que pagan un alto costo por un “sistema democrático de elecciones” decadente y corrupto, desde autoridades electorales pasando por institutos políticos de todos los colores hasta representantes populares en la cámara de diputados y del senado, sin olvidar al ejecutivo federal y la maraña de intereses que se extienden en todo el territorio mexicano por medio de sus delegaciones federales y otros entes que no están al alcance de los medios de información.

 

El descontento generado por el actual status político y social no es tan drástico y menos organizado (por parte de la sociedad civil) como para que surjan verdaderos caudillos o liderazgos fuera del sistema de partidos que pretendan encabezar la administración pública mexicana. Por esta razón, muchos políticos, sin importar su filiación, pretenden aferrase al poder, eternizarse en diversos cargos de la estructura burocrática gubernamental antes de que sus partidos sucumban por su gris desempeño y frente a una sociedad mexicana que pronto ya no estará dispuesta a seguir manteniendo a “vulgares ambiciosos” en el poder público y político de México. Precisamente es la falta de capacidad organizativa de la sociedad civil la que alimenta e impulsa mezquinos intereses como los demostrados por Ricardo Monreal y su ardid cuestionador de la metodología de las encuestas que no le otorgaron el triunfo para encabezar la candidatura para gobernar la Ciudad de México.

 

Resulta previsible, absurda y tardía la propuesta de Ricardo Monreal para exigir la reposición del procedimiento interno en MORENA. El silencio y distanciamiento temporal de Ricardo son el indicio de su “autosuficiencia” que lo conducirá, sin duda alguna, a aceptar la candidatura por otro membrete o en el menos peor de los casos abstenerse de participar en una elección donde no tiene ninguna oportunidad, vaya por siglas que vaya. Aunque, a decir del sujeto en cuestión, afirma que ha librado batallas por MORENA. Ricardo Monreal y “su invaluable dignidad” política lo conducen a la falsa intentona de demostrar su desmedida humildad al hablar de su padre campesino y las lecciones políticas que recibió de él. Ricardo “no se dejará pisotear”, dicen sus correligionarios y hasta lo llaman el “rebelde con causa”. Es decir, si él hubiese sido ganador en el proceso interno de MORENA entonces el proceso fue limpio y transparente, pero como perdió entonces las encuestas fueron manipuladas y amañadas.

 

No todos los partidos ni todos los políticos llevan dentro de su corazoncito a un vulgar ambicioso. Pero, la mayoría se “pinta solo” en este aspecto. Cambiar de partido no los hace democráticos, lo vuelve más cínicos, oportunistas y vividores del erario público. “Atajo de estúpidos envidiosos”, pensara Ricardo por no obtener la codiciada candidatura por la CDMX. Monreal ya se visualizaba como próximo gobernante de la Ciudad de México para después saltar (ha demostrado ser un excelente trapecista) a la candidatura a la Presidencia de la República. Su voraz apetito de poder lleva a Monreal a vociferar: “Yo llegaré a escalar en otro cargo público”. Demagogia a granel: "No nos van a rendir, no nos van a doblar…, “lucharemos por la democracia”. El acartonado Monrreal: “No busco cargos ni dinero y no utilizo a personas con fines personales y políticos”.

 

La descomposición de gran parte la clase política mexicana alcanza a todas las entidades, de tal manera que Ricardo Monreal también dispone de sus homólogos vulgares ambiciosos en Tlaxcala. Pero, antes que nada resulta determinante “saber manejar las emociones para no caer en tentaciones, incluso, darle el “toque divertido” y llamarlos, solo por mencionar un ejemplo, los “golosos del poder”, pues se engolosinan con este.

 

Un deprimente, frustrante y regresivo ejemplo lo representa el dinosaurio Joel Molina (¿le mete goles a MORENA o MORENA se deja meter goles?), Alberto Amaro Corona que ha colocado decenas de espectaculares promoviendo su imagen en toda la entidad tlaxcalteca pagando por concepto de rentas decenas, quizá cientos de miles de pesos que desde luego pagan los ciudadanos tlaxcaltecas con sus respectivos impuestos. No escapan de la lista Minerva Hernández Ramos, Gelacio Montiel Fuentes, Adriana Dávila Fernández y no menos “golosos”. 

 

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