Cada vez es más común la proliferación de “Sex Shops” o tiendas especializadas en productos relacionados con el sexo y que no están del todo reguladas por leyes locales y federales. Estas tiendas no son exclusivas de las grandes urbes mexicanas, también se instalan en municipios semiurbanos de todo el país, incluyendo municipios tlaxcaltecas donde este tipo de tiendas son parte de “la cotidianidad”. Habría que preguntarse si de alguna u otra forma la proliferación de estas tiendas contribuye al incremento relativo de la promiscuidad sexual, entendida esta por definición como una conducta o comportamiento de las personas que cambian con frecuencia de pareja sexual buscando únicamente el placer. Incluso, también cabría la pregunta, cuestionamiento o relación de los Sex Shops con el aumento de embarazos adolescentes o al inicio de una vida sexual a edad más temprana, pues con seguridad gran parte del mercado consumidor de “productos sexuales” está conformado por jóvenes, hombres y mujeres.

 

Efectivamente, se trata de giros no regulados que podrían considerarse parte del mercado negro, subterráneo o economía informal. La relación de estas tiendas con el sexo servicio, la trata de personas y otros delitos de este perfil no resultan extrañas. Se habla de nuevos términos como “los mercados sexuales” (de artículos y personas) o la industria del sexo. La prostitución de ambos sexos ya no se limita a las denominadas zonas rojas o de tolerancia. Se trata de algo más complejo y diversificado. En la Ciudad de México, cerca de la estación del metro Isabel la católica, se encuentra el palacio del sexo, un lugar repleto de vendedores de productos y juguetes para el sexo. La industria sexual ya no se limita al mercado sexual tradicional como bares, prostíbulos, restaurantes, centros nocturnos, burdeles, discotecas, saunas, casas de citas, casinos, clubes, cabarets, estéticas de masajes, librerías, casas swingers, departamentos, cuartos de hotel, table dances, cines, organizadores de fiestas de despedidas de solteras y solteros.  

           

Sin duda alguna, investigar de forma seria “las ferias sexuales”, derivaría en nuevas e innovadoras metodologías y nuevos temas o cuestiones relacionadas con la neo ética. Llevar al campo académico a los Sex Shops es un reto que debe enfrentarse por estudiantes e investigadores en materia de sexualidad, psicología, criminalística, derecho, sociología, mercadotecnia, entre otras ciencias y disciplinas. Habría que plantearse también como la Ley de la oferta y la demanda aplica para el “trabajo sexual” dependiendo de los contextos sociales, económicos, culturales e históricos. Debe acabarse la desgastada y obsoleta idea de que toda sexoservidora o sexoservidor son víctimas de explotación sexual. Muchos trabajadores y trabajadoras del sexo lo hacen por su cuenta y hasta con cierto grado de profesionalización e innovación.

 

En los Sex Shops “completos” disponen de cabinas para el sexo servicio inmediato, comúnmente las paredes de estas son compartidas con otras cabinas, donde existen orificios para espiarse unos a otros y ofrecer nuevas “alternativas para el disfrute sexual”. Tiendas tres X clasificación C. Si, con c mayúscula. El enfoque criminológico y el jurídico se han concentrado en el impacto de los regímenes legales para controlar la prostitución (semanario proceso digital, octubre 18, 2017), pero no la proliferación de Sex Shops con sexo servicio, ni el turismo sexual de niños y niñas en el Puerto de Acapulco, por mencionar solo un ejemplo “ya tradicional”. Se trata pues, de ubicar o clasificar en su justa dimensión legal y comercial a este tipo de establecimientos.

 

No es de sorprenderse, desde la historia de los  tiempos en diversas culturas y épocas han existido juguetes artesanales elaborados en barro que nuestros ancestros utilizaban para resaltar la adoración a los órganos sexuales y a la sexualidad. Para entender un poco más de esto es referencia bibliográfica obligada: La zaga de los libros ¿Por qué nos gusta tanto el sexo? Prehistoria, Edad media y Era industrial. Independientemente de estas obras es importante resaltar que en el giro de los Sex Shops ya no hacen uso de la seducción subliminal para atraer a los clientes o llegar al subconsciente de estos para convertirlos en potenciales consumidores de productos sexuales. No, ya no se trata de tretas psicológicas o las limitaciones morales de los símbolos fálicos, sino, de un abierto (¿y poco ética?) exhibicionismo de juguetes, ropa, videos y una variedad de artículos y productos, algunos inimaginables.