Después de la noticia del caso de un estudiante que sufrió maltrato escolar en una secundaria pública de la Ciudad de Apizaco y que casi le cuesta la vida, seguido de las declaraciones de familiares, autoridades educativas, así como del monitoreo de la nota por parte de la radio local, me permito retomar la desatinada respuesta del representante de los Derechos Humanos en nuestro hermoso estado: “… es una situación normal y natural, es un tema recurrente, sucede por todos lados y todo el tiempo… y es una cuestión natural de todo el tiempo …”.

 

Pero, estimado(a) lector(a) después de que mi emoción de incredulidad disminuyó su intensidad, logré recordar mis años escolares de la primaria, por mencionar un ejemplo, donde mis compañeros se burlaban, molestándome con señales obscenas (que en ese tiempo no entendía su significado) así como historias de familiares que eran molestados por ser “de clase inferior” en una escuela (particular) que pregonaba el amor al prójimo cada primer viernes de mes y asistiendo puntualmente a misa.

 

No pretendo justificar la declaración del servidor público, en turno, ni tampoco de las lentas acciones que se están haciendo por parte de la autoridad educativa; pero si bien es cierto, la violencia en las escuelas es una bomba de tiempo que nadie quiere resolver, al menos no de manera integral. Las escuelas, públicas y privadas, están dejando de ser seguras para nuestros hijos(as) y hasta el momento no tenemos protocolos de emergencia o prevención para resolver estos casos, por ejemplo.

 

¿Cómo decirles a nuestros hijos(as) que ir a la escuela es emocionante o ya de plano seguro?, que aprender nuevas ideas y si tenemos suerte, descubrir sus talentos, será en nuestros centros educativos y  que nuestras autoridades, de cualquier nivel y de cualquier sistema público o privado, en serio les preocupa el bienestar de los alumnos y no sólo es discurso de nota gastada o banquetera. La campaña de “cero tolerancia hacia el maltrato escolar” sólo la hemos visto en la película “Extraordinario” y otros filmes. Pero mientras sigamos haciendo lo mismo esperando un resultado diferente, seguiremos en la locura.

 

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