En memoria de esta fecha tan dolorosa para muchas familias mexicanas quienes perdieron hijos, sobrinos, nietos, amigos, parejas, compañeros de clase, desconocidos, simpatizantes, etcétera deseo recordarlos mediante una entrevista estructurada en siete preguntas a una persona (quien pidió el anonimato) pero que vivió ese año trágico en nuestro país. La entrevista se realizó días previos a esta fecha:

 

¿Cómo era el ambiente que se vivía en ese año?

 

“Como te diré yo, de mucha incertidumbre, mucha rebeldía estudiantil por todos los sucesos que habían pasado en Europa, sobre todo en mayo del 68 en París y sobre todo la toma o la invasión de los tanques soviéticos en la República de Checoslovaquia. Aquí también comenzó el problema los estudiantes, yo jamás vi ni el periódico, no digo que no pasara, eh, pero yo no lo vi; o en la televisión el pliego petitorio de los estudiantes. No sé exactamente  que pedía. Después he oído que pidieron libertad. Yo creo que lo que ahora tenemos era mucho más de lo que pedían, pero, ya te digo, no había ningún…yo al menos no tuve conocimiento de nada de los estudiantes, de sus pliegos petitorios que era exactamente lo que pedía”.

 

¿Cuál fue su experiencia de lo ocurrido?

 

“Yo estaba en Puebla, vi los tanques en el zócalo de Puebla a una cuadra de la universidad, unos tanques chiquitos con un soldado arriba con metralleta, dedo en el gatillo; que hasta yo decía aquí alguien estornuda y nos morimos todos. La universidad, cada día en la calle que debe ser la 4, 4 sur, en la fachada de la universidad del Carolino exhibían muchas carteleras, con slogan, con escritos y cosas, pero ya no lo recuerdo. Lo que sí me acuerdo es el famoso escudo que es el águila que pone hecho en México, era la cara de Díaz Ordaz con una bayoneta y ponía hecho para México. Aclarando que Díaz Ordaz figuraba como poblano, oficialmente, aunque todo el mundo decía que había nacido en Oaxaca. Como se presentó para gobernador de Puebla y luego como Presidente de la República.

 

¿Y de la experiencia que vivió en Tlatelolco?

 

“En Tlatelolco yo tuve la oportunidad de, casual si tú quieres, de que estuve el día que se abrió. Tengo la idea de que fue una semana, no puedo decirte si fue el nueve o el día diez; de eso ya no me acuerdo. Tuve la oportunidad de ir a México y a las 9 de la mañana yo estaba en Tlatelolco y entonces abrieron, por primera vez, el acceso a los edificios que fueron ametrallados. Estaban totalmente limpios, no había ninguna persona, recuerdo de las tiendas, nomás estaba el mostrador, si ya habían quitado las láminas ametralladas, habían puesto los vidrios, habían lavado la sangre, todo, pero no había una sola persona; de esto si lo recuerdo, aquello eran edificios fantasmas. Los sacaron, los mataron, no lo sabemos. En aquel momento, nadie sabía nada.”

 

¿Qué sensación había?

 

“Bueno, aquí hay dos aspectos. Es difícil, yo ya era maestro entonces,  y no estaba en la universidad aunque iba del diario a leer los papeles que ahí ponían ellos, pero no tuve contacto con los revolucionarios ni dirigentes, ni con los muchachos; yo estaba en una secundaria. Simpatizaba en la idea, del jolgorio pero nada más. Entonces, el ambiente que yo tenía de los maestros, de gente mayor era totalmente negativo, la gente, el pueblo, digamos así, lo que luego Reyes Heroles digo el populacho, no apoyó el movimiento, esto fue un movimiento estudiantil. Recuerdo yo, que unos cubanos decían tengan cuidado, paren esto antes de que les gane y se les salga de las manos, así comenzó en Cuba, con un pleito de estudiantes, de la escuela de Derecho y se fue haciendo la bola grande y mire como acabamos. Entonces claro, gente totalmente anticomunista. Yo no recordaré ahorita el nombre del que era presidente de la República Checoslovaca, entran los rusos, lo agarran y se lo llevan y desapareció. Y recuerdo que los cubanos decían, un comunista menos. O sea en este ambiente y de la gente mayor, mis compañeros maestros, todos mucho mayores que yo, la opinión era esta, esto tienen que pararlo. Y cuando sucedió la tragedia, todos dijeron ya era hora. Claro uno tenía que callarse porque si abrías la boca y cómo te iba. El ambiente era a favor del gobierno, el ambiente que yo viví. Y el ambiente, yo creo de la gente mayor. Y quieres una prueba un poquito, para mi muy dramática; que a los diez días de la matanza se inauguran los juegos olímpicos y, como alguien me dijo el otro día, ya nadie se acordaba de la matanza y así fue. Y hasta pasaron a la historia como los juegos más cálidos, más emotivos, porque México es así, y los muertos, sobre los muertos las coronas”.

 

¿Qué pasó después del 2 de octubre a nivel local, es decir desde provincia?

“No, nada, no recuerdo nada, a mi me extrañó; yo tuve oportunidad de estar yendo a la cárcel que estaba en Puebla, San Juan, creo que se llamaba;  que entrando junto al cajón había siete u ocho estudiantes del 68, así decían todos; nunca hablaban de nada, estaban muy callados, estaban allá. Y yo allá con mi alumno que estaba en la cárcel platicábamos en su cuarto de ellos, para no estar afuera en el patio, imagínate cómo era la cárcel en Puebla. Entonces, no sé porque estaban allá, nunca les pregunté nada; pero no pasó nada. Oficialmente no pasó nada, eh, pasó el tiempo y poco a poco las cosas se fueron calmando; recuerdo por televisión que Díaz Ordaz dijo sí, yo soy el responsable y qué. Esto es lo que yo recuerdo. El otro día vi por televisión de la UNAM un reportaje de Echeverría, que todos le achacan que fue él, el dice que no, pero bueno, esto ahora no viene a cuento; pero comentó que él tomó posesión el 1 de diciembre como presidente de la República y para navidades de los 400 estudiantes que seguían en la cárcel, 380 ya celebraron las navidades con sus padres y los otros 20 poco después. Esto Díaz Ordaz le sentó muy mal, se molestó mucho con él y con él, todos los del PRI, pero Echeverría era el presidente y lo hizo y ya. Para de alguna manera él justificarse. Pero ósea, la represión continuó, y no recordaré en qué año fue, pero no tardó mucho, el corpus de sangre que ya era presidente Echeverría, y no fue no diré que la última, pero pasaron años en que se hiciera otra manifestación, porque tú ya sabías que si salías a la calle te iban a porrear sino que a matar”.

 

¿Qué es lo que no debemos olvidar del 2 de octubre, para las generaciones posteriores, para los que no nos toco vivir es época?

 

“Hay dos lecciones, yo creo, muy graves y muy serias. Una para el gobierno, que matando no se arregla nada. Si es verdad que ahora hay más libertad que la que pedían los muchachos, como dije al principio, ¿de qué sirvió la matanza? Quisieron aguantar, quisieron decir tengo razón sin tenerla. Y poco a poco las cosas se fueron suavizando. A como tenía que haber sido, mediante diálogos, no sé, poniéndose muchas veces del lado contrario de la mesa. O sea, aceptar, saber escuchar. Si la mayor parte de cosas eran previsibles, que es el caso de la transparencia, no; el gobierno se niega a ser transparente.; y ocultan muchas cosas. Todos los gobiernos son muy opacos.; yo creo que es tener las ganas de arreglarlo. O sea, no matar, porque matar no arregla nada. Y segundo, no llegar, o no esperar a que la gente proteste, y se armen estas algaradas. Porque una de las frases de los norteamericanos es cuidar el orden, como si con esto se arreglaran muchas cosas, bueno si hay orden, puedes hablar y al menos te escuchan. Pero en realidad no se tuvo que llegar a esto. Si la única manera de que te hagan caso es manifestándose? Mira a los catalanes ahorita, con el famoso 1 de octubre; cuando toda la prensa dice el referéndum prohibido. Eso también acabará mal”.

 

¿Cuál sería su reflexión final respecto a este suceso lamentable?

 

“Mira, creo que ya lo dije todo, pero bueno, te iba a decir que se me pasó al principio, yo creo que los dirigentes sabían cómo iba acabar. Porque llevaban cinco años y pico de gobierno de Díaz Ordaz y sabían cómo arreglaba las cosas Díaz Ordaz. Díaz Ordaz no metía mano, dejaba, dejaba que la bronca cundiera, que la bronca aumentara y cuando ya estaba que no había quien lo aguantara, claro, todo el mundo decía párala, párala; y lo hacía, ¿cómo?, a sangre y fuego; pero era la manera de ser de él. Esto lo sabían los dirigentes y si lo sabían y no les importó porque la carne de cañón eran los chamacos, pos que poca… entonces, una reflexión que yo te diría es esa, creo que las cosas hay que pensarlas primero, previendo los escenarios que hagan falta de cómo va acabar. No puedes lanzarte a la aventura a ver qué pasa. Si no tienes idea, comienza buscando eso”.

 

Muchas gracias por compartirnos su experiencia…

 

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