Imagínese que camina por el parque de Zacatelco portando, elegantemente, una peluca de color blanco con caireles que le dan hasta los hombros; el bigote que porta es al estilo Pancho Villa, Emiliano Zapata, Salvador Dalí o Joaquín Pardave. O bien,  que este día decidió pintarse el cabello de color caoba y hacerse chinos. Pero aún hay más, imagínese que este día asistirá a una fiesta y para verse muy “finolis” ha dispuesto llevar una peluca de color rojizo que aparenta tener el pelo quebrado. Bueno, hoy fue a la peluquería y le indicó al peluquero que le rape la parte derecha de la cabeza, en el lado izquierdo solamente le rebaje un poco el cabello dejándolo largo, en la parte de atrás le recorte la coleta que acostumbra llevar y le empareje el fleco, hasta casi tapar los ojos. O bien, hoy llegó a la peluquería acompañado de un amigo quien le pide que lo rapen porque perdió una apuesta ¡Que imaginación ¡¿Verdad? Pues resulta,  que a través de los años así han sido algunas de las modas en el corte de pelo y todo esto ha pasado en las peluquerías.

 

Precisamente hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para rememorar aquellos días en que íbamos de la mano de papá, de mamá o de un hermano mayor a la peluquería. Seguramente, aun siendo muy chiquillos acudimos, a tal acto y tuvimos que ser auxiliados por algún familiar, mientras el peluquero trataba de aplicar sus mejores cortes en nuestro cabello. Y claro, como éramos tan pequeños que al sillón de peluquero le tenían que poner un banquito para que pudiera trabajar. Pero también recordará aquellos días en que papá tomaba la decisión contundente e indiscutible: Que sea “Casquete corto” “del cero” ala “Brush”.

 

El origen de la peluquerías se remonta a muchos siglos a de C. las antiguas civilizaciones  chinas, hindúes y egipcias inventaron las primeras mezclas de cosmética. El libro más antiguo de los hindúes se conoce con el nombre de “Rig Veda” y describe un tratamiento contra la calvicie. Por otra parte, los egipcios tenían predilección por los perfumes fuertes, el corte de cabello, peinado y coloración; gustaban mucho del color caoba y rojizo, estos colores eran extraídos de la hoja de un árbol llamado Henne. También se dice, que se cubrían  con arcilla el cabello y  lo enrollaban con palillos dejándolos secar al sol y luego lo quebraban para que quedara el cabello de forma ondulada.

 

Resulta que antiguamente, los encargados de las peluquerías también hacían las veces de dentistas o sacamuelas y médicos, el famoso símbolo cilíndrico que se ve en la entrada de las peluquerías es parecido al símbolo de los dentistas y si observamos con detenimiento los sillones que usan ambos también se parecen. La función del cilindro era poner las vendas a secar cuando eran lavadas, esto era una costumbre, y al mismo tiempo un anuncio de que ahí se daban esos servicios. Los colores azul, blanco y rojo, es una referencia patriótica a Francia por que ahí se inició la costumbre de la barbería comercial.

 

 En Zacatelco, en la avenida Independencia se establecieron tres peluquerías, sus nombres eran: “Santa Inés”, de Isaac Gutiérrez García, está ubicada en la esquina que forman las calles Independencia y Libertad; “Regis” de los hermanos Fausto y Elpidio Morales Flores, que también era sastrería, primero se estableció en la calle Independencia frente a la parroquia de Santa Inés ; el “Salón Azul” que después cambió su nombre a “Salón los Ángeles”, ubicado en la calle Independencia esquina con Callejón Bocardo propiedad de Félix Quintero Bermúdez, está desapareció hace algunos años; otra más en la calle Lerdo de Tejada a un costado de la escuela “Ignacio Zaragoza” propiedad del señor Rafael Domínguez  que no tenía nombre, donde cobraban quince centavos la rasurada y otra en la calle Domingo Arenas de un señor de apellido Muñoz.

 

Tomás y Santos Gutiérrez Rodríguez, hijos de don Isaac cometan que la peluquería Santa Inés inició actividades en 1947, hace 72 años, el encargado era su papá, el señor Isaac Gutiérrez García, quien, a la vez aprendió el oficio de un señor de apellido Romero, una rasurada costaba la fabulosa cantidad de 20 centavos. En un principio la peluquería sólo tenía un sillón rústico, la entrada tenía una puerta pequeña de madera y seguramente, sólo un foco que alumbraba de forma vacilante la habitación. Durante 72 años de existencia se han creado cinco generaciones de peluqueros, enseñando primero Don Isaac el oficio a sus primos, después a sus sobrinos Lino y Alfonso Sánchez Gutiérrez (†), quienes al paso de los años pusieron sus peluquerías en la calle Libertad, una de ellas se llama “El farolito”.  Tiempo después aprendieron el oficio sus hijos Tomás, Santos, Juana, quienes se encargan actualmente de la peluquería “Santa Inés” y Leopoldo, quien tiene su negocio llamado “Peluquería Emperador”. Y claro,  durante esos años, no podía faltar el tradicional bolero, así que ahí estaba Tomás, quien tenía su cajón de bolero con una leyenda que decía “El bolerito Tomás, 20 centavos”.

 

Otra generación de peluqueros está constituida por los hijos de estos, es decir los nietos(as) de Don Isaac, quienes actualmente tienen la estética “Paul Michel” en la calle Libertad, a la vez que Raúl Gutiérrez Barranco y su hermana Sofía también ejercen el mismo oficio en la peluquería “Santa Inés”.

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