Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para comentar que el martes 19 de septiembre de 2017, precisamente 32 años después del fatídico 19 de septiembre de 1985 en Zacatelco amanecía de forma esplendorosa, el sol se asomaba poco a poco detrás de la Malinche.  Junto con el nuevo día aparecían los hombres y mujeres que se dirigían a sus centros de trabajo, otras personas encaminaron sus pasos hacía el templo de Santa Inés con la intención de darle gracias al buen Dios otros acompañados por sus papás  se encaminaban a sus escuelas por la esperanza de un mejor futuro. Todo estaba en calma, tal parece que sólo sería un día más, de aquellos cotidianos que no dan muchos motivos para ser recordados.

 

Toda esa tranquilidad se acabó a la una con catorce minutos y cuarenta segundos de la tarde; de momento se escuchó un crujido, o tal vez  un trueno que venía de todas partes y de ninguna, la tierra empezó a vibrar, tal parece que en algún lugar de la tierra funcionaba un taladro gigante, capaz de taladrar el corazón de la tierra y de los humanos, el desconcierto fue total, la recomendación de no corro, no grito, no empujo, no sirvió de nada; la tierra estaba temblando, en fracción de segundos las calles de Zacatelco se llenaron de gente.

 

El tiempo que duró el sismo parecía interminable, primero se sintió un movimiento trepidatorio, la tierra brincaba materialmente bajo nuestros pies, no era fácil conservar el equilibrio, algunas personas abrazaban a sus hijos, otros más gritaban y perdían momentáneamente la cordura, entraban en pánico; las casas y los postes rechinaban y se movían ante nuestros ojos amenazando caer en cualquier momento; los cables de luz chocaban entre sí; mientras que el comportamiento del sismo cambio, ahora era oscilatorio, aunque esto no dejaba de causar temor… por fin terminó.  Por fortuna  la mayoría de las cosas se mantuvieron en su  lugar, sólo los objetos  más ligeros cayeron al suelo. De inmediato se fue la corriente eléctrica, casi por instinto toda la gente tomó su celular para comunicarse con sus seres queridos, existía una enorme necesidad por saber de ellos, el terremoto había sido tan fuerte que se temía por sus vidas, aunque nadie era capaz de expresarlo abiertamente. Resulta que no había red y entonces a correr por los niños a la escuela, por  buscar a los seres queridos apresuradamente.

 

La gente en Zacatelco corría de un lado a otro, el desconcierto se combinaba con el miedo, que digo miedo con el terror, pues jamás en tiempos modernos se había sentido en Zacatelco un terremoto de esa magnitud.  Minutos después  la corriente eléctrica se restableció, las redes sociales se fueron recuperando lentamente y entonces nos enteramos que el epicentro del sismo se había originado a 12 kilómetros de Axochiapan Morelos –a un poco más de cien kilómetros de Zacatelco en línea recta- en las inmediaciones de los estados de Puebla Y Morelos y que el epifoco estuvo a 57 kilómetros de profundidad y que su magnitud fue 7.1 grados.

 

A través de la redes sociales y de los medios de comunicación de inmediato supimos que se había dañado la parroquia de San José en Tlaxcala la cúpula resultó prácticamente destrozada; en Tepeyanco se cayó una barda del Ex Convento de San Francisco, la cúpula de la parroquia se cuarteó totalmente; en Zacatelco toda la gente veía con curiosidad y asombro las fisuras que se le hicieron a la torre y al interior  de la parroquia de Santa Inés. Protección civil ordenó cerrar el templo y así quedó hasta el domingo siguiente. Ver el templo cerrado era verdaderamente extraño, jamás, desde hace muchos años, mucho menos habían dejado de sonar las campanas por tantos meses.

 

Y llegó la historia oral, una persona cuenta que estaba en misa dentro en el templo de Santa Inés, de momento comenzó a temblar, las paredes de la parroquia rechinaban, llegó una persona y algo le comentó al sacerdote Elpidio Pérez Portilla, quien sólo se concretó a decirles que harían una oración, recibieron la primera comunión y dio por finalizada la homilía. Mientras tanto afuera protección civil se encargaba de acordonar el área sobre la calle Independencia.

 

Por otra parte, los mayordomos de Santa Inés dieron a conocer que la imagen de la Patrona del pueblo había sufrido varias fracturas en su estructura, así que va a ser necesario   restaurarla.

 

 Así pasaron los minutos, las horas, los meses hasta formar un año, tiempo en el que  la gente ha estado  aparentemente en calma. Sin embargo,  nadie está convencido de esa tranquilidad el temor sigue, los rumores a través de las redes sociales de un sismo con una intensidad mayor a 7.1 grados prevalecen causando desconcierto y desesperación en la sociedad, nunca falta un acomedido que publica información sin fundamento científico y otro que la comparte.

 

De lo que si estamos seguros es que hasta nuestros días no existe método científico alguno que permita predecir que en día, fecha y año se va a presentar un sismo. Lo máximo que existe son las alertas sísmicas que avisan con segundos de anticipación que va a temblar, así como aplicaciones que nos alertan por medio de las redes sociales.

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