Marco Antonio Mena Rodríguez quien es el gobernador de Tlaxcala (para quien ignore este dato), no ha desempeñado muy bien que digamos su posición como jerarca local a lo largo de estos más de cien días de mandato.

 

Él, el jerarca de Tlaxcala, defiende que sus primeros cien años de administración ha hecho muy bien su trabajo, pero, las “actividades” que ha emprendido como ejecutivo del estado no son necesariamente acciones que beneficien en mucho a la entidad y a su población en general, incluido a los que votaron por su proyecto,  el hecho de  haber nombrado a quienes le acompañaran en su “aventura”  por gobernar un estado que pedía y sigue solicitando un  “gran líder” que nos saque  ya de la pobreza y del rezago en todo el sentido de la palabra, no es un mérito es una obligación y sobre todo cumplir compromisos adquiridos a lo largo de su campaña político electoral.

 

Lo que argumenta Mena Rodríguez  en relación a  su defensa como gobernante,  curiosamente hace recordar las palabras expresadas por Enrique Peña Nieto en uno de sus tanto fallidos mensajes al país, en el que se auto defendió argumentando que sólo lo criticaban, pero cuando algo le salía bien nadie le reconocía su esfuerzo.

 

Curiosidad o no, estos dos mandatarios uno federal y otro local, quieren que la ciudadanía le ponga su estrellita por hacer bien su trabajo, pues están equivocados, ya que perciben más que excelente remuneración salarial, bonos, “comisiones” y quien sabe que más.

 

Si estos personajes creen que por el hecho de ser gobernador o el presidente de la república, las personas están obligadas a aplaudirles todo lo que hagan, pues de nueva cuenta caen en grave error y sobre todo lo único que manifiestan es un exceso de ego.

 

Marco Mena tiene el privilegio de ser el gobernador más no los tlaxcaltecas tenemos el privilegio de tener a Marco Mena como gobernador. Es nuestro empleado y se debe a Tlaxcala.

Posiblemente dentro de palacio de gobierno sus empleados lo traten como rey, pero en definitiva la población en general no tiene ninguna obligación de ponerse de tapete. El actual gobernador debe entender a la perfección que es un empleado más, que goza de beneficios que le da este rango tan distinguido como es el ser un: gobernante.

 

¿Se le debe aplaudir, felicitar o premiar a un servidor público o representante popular que cobrar un salario producto de los impuestos, como un estímulo, por ejercer bien la función pública que le está encomendada realizar? Usted tiene la respuesta estimado lector.

 

Por ello, Marco Antonio Mena Rodríguez debe blindar su orgullo y sobre todo ser autocrítico, para así poder dar óptimos resultados.

 

Ya para terminar Marco Mena  nos sigue debiendo su  Plan Estatal de Gobierno (PED), el cual  es un asunto de prioridad, para dar seguimiento puntual a sus objetivos y metas, pero más allá de trabajarlo con sus empleados debería buscar el visto bueno de todas las corrientes políticas con la finalidad de enriquecerlo con sus diferentes puntos de vista, por supuesto que su personal siempre le dará la aprobación, loco sería aquel que lo enfrente y le manifieste su desaprobación., pero más que loco sería valiente.

 

¡Habrá que esperar otros cien días para observar errores y aciertos! Y decidamos si aprobar o reprobar a nuestro gobernador.

 

Pequeñas dudas…

 

¿Qué será lo que sucede con el  Director de Comunicación Social de Marco Mena, que ha desaparecido de las redes sociales a su jefe. Será que la apuesta en verdad sólo va con líderes de la comunicación nacional y el plano local lo tirará a la basura?

 

Esta columna de opinión es redactada con aportaciones del equipo editorial así como por colaboradores de este medio de comunicación previamente verificadas. Comentarios y sugerencias: politicatlaxcala@gmail.com