A raíz de un artículo publicado en el portal Animal Político, en el que se pone de manifiesto a través de una investigación de la Auditoría Superior de la Federación, que hubo algunos presuntos desvíos en la Secretaría de Desarrollo Social, cuando el ahora precandidato por el Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, José Antonio Meade era el titular.

 

La respuesta por parte del vocero de Meade, Eduardo del Rio puntualizaba, que lo manifestado en dicha investigación constituía una injuria al precandidato, bajo el pretexto que la nota supera por mucho el derecho de la libertad de expresión con que cuentan los gobernados en un Estado de Derecho, vulnerando la esfera jurídica, por lo que se valoraba emprender acciones legales contra el portal y contra el autor.

 

En un momento en que el ejercicio periodístico se ve mancillado por la violencia, crímenes y atentados contra quienes realizan el trabajo informativo, el entendimiento entre líneas de la citada misiva (Derecho de réplica) parece englobar el razonamiento de la libertad de expresión, vista como una obligación a la retribución económica, sin representar algo fundamental en el quehacer de los medios de comunicación, ilustrando que existe una relación muy estrecha entre los entes políticos y la prensa.

 

Como bien lo apuntaba Denisse Dresser en una colaboración editorial nombrada “Planas en venta” en la que puntualizaba que en México, el periodismo con frecuencia es solamente publirrelacionismo, pues atiende a las necesidades de los gobernantes, en relación con la perspectiva ideológica y de transformación de percepción en los ciudadanos.

 

He ahí que se destapa que no existe un punto de inflexión entre lo que se hace llamar “periodismo ciudadano” (cuando en realidad solamente son fotografías de tipo paparazzi) y una investigación sería y a fondo, pues en términos de visión, esta se ve muy empobrecida cuando estos lazos atienden a la búsqueda de ciertos espacios en las instituciones gubernamentales por parte de los directivos, aún cuando no entendemos que el poder no debiera estar condicionado a fines de índole personal (y que en nuestros medios locales sobran los ejemplos de ello).

 

Estamos frente a un panorama sumamente complicado en cuanto a esta relación entre los mass media y nuestra incipiente política, las implicaciones éticas, las imposiciones, la censura, las injurias y denostaciones, serán el pan de cada día en nuestro ejercicio informativo en los meses venideros.

 

Esta columna de opinión es redactada con aportaciones del equipo editorial así como por colaboradores de este medio de comunicación previamente verificadas. Comentarios y sugerencias: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.