Es impresionante darse cuenta como la actual legislatura salió igual o peor que sus antecesoras, triste es darse cuenta como el dinero envilece hasta a los más rectos seres humanos, pocos son aquellos que son honestos y transparentes en su actuar profesionalmente hablando.

 

La ciudadanía estaba cansada de los excesos de los diputados panistas, priístas y en algunas ocasiones perredistas (cuando lograron tener algunas mayorías), hoy, la historia se repite, cuando el voto ciudadano se volcó el año pasado en favor de los MORENOS se suponía tenían refrendado un compromiso para todo el estado de Tlaxcala, en base a su trabajo, a su honestidad y sobre todos en ser humildes, como lo defendió en su entonces como candidato y hoy como presidente de la República Mexicana Andrés Manuel López Obrador para ser humildes y rectos en su actuar como servidores públicos.

 

Lástima da ver cómo han cambiado nuestros diputados locales y sí, la mayoría  son del grupo parlamentario de MORENA, quienes han sido protagonista de historias aberrantes por ver quién se queda con la rebanada más grande del pastel.

 

Incluso en los pasillos del recinto legislativo se rumora que ya se han aprobado un aumento salarial muy jugoso.

 

No les bastó el regaño que recibieron de Ricardo Monreal, quién no dudó en ningún momento en señalar lo abusivo que son los legisladores locales, pero sobre todo, el Senador por Morena puso en evidencia que los que ocupan una curul en el congreso local no tienen palabra ni compromiso con el proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador.

 

De pena ajena nuestros diputados y diputadas  locales que se desgarran las vestiduras por ser protagonistas de escándalos y no de lo contrario, por ser proactivos y buenos empleados de nuestro estado. Porque eso son: nuestros empleados.

 

Hipócritas...

 

Algunos medios informátivos han usado la vida privada de un presidente municipal de nuestro estado como un escándalo para desacreditar su actuar como edil, como esposo y lo más grave como padre.

 

Enredan las cosas de manera abusiva e hipócrita, sin ponerse a pensar que más allá de ser un servidor público es un hombre de familia con defectos y virtudes.

 

No es posible, que en estos tiempos aún prevalezca este tipo de actitudes por parte de quienes se dicen "periodistas', quienes no saben separar lo personal de lo profesional. Es tiempo ya de que los legisladores hagan algo al respecto, regular estás acciones invasivas a la privacidad es ya una prioridad.

 

Sangrar a una familia no es exclusivo de un delincuente con arma de fuego, también lo es un texto o vídeo agresivo que asesina a familias completas, sólo por el hecho de vender.

 

Basta ya, la vida privada de los servidores públicos es eso: PRIVADA

 

Esta columna de opinión es redactada con aportaciones del equipo editorial así como por colaboradores de este medio de comunicación previamente verificadas. Comentarios y sugerencias: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.