El pasado fin de semana el Congreso Local ha restituido el voto en cabildo a los presidentes de comunidad en Tlaxcala, después de casi tres años en que la legislatura LXI cancelo esta atribución comunitaria que durante muchos años abrió la oportunidad de acercar a la llamada autoridad del cuarto nivel de gobierno a las decisiones vecinales y hasta familiares.

 

Esta organización de gobierno y administrativa en Tlaxcala no fue una ocurrencia del gobierno del ahora senador José Antonio Álvarez Lima a mediados de los 90 ´s, del siglo pasado, si no una reivindicación histórica de los políticos que dieron a Tlaxcala soberanía como estado soberano a mediados del siglo XIX, y parte de la lucha autonómica del pueblo Tlaxcalteca.

 

Solo la ignorancia del gobierno de González Zarur y la apatía política de su sucesor en la gubernatura, Marco Mena impidió este avance político e identidad de Tlaxcala en el contexto nacional. Así de no tener veto en el ejecutivo local, los más de 400 presidentes de comunidad tendrán no solo voz si no también voto en los 60 cabildos de Tlaxcala a partir del 1 de enero del 2019.

 

Con esta reforma a la ley municipal de Tlaxcala, quizás habrá quienes cuestionen dentro o fuera de los cabildos el hecho de que habrá más presión a los presidentes municipales donde hay mayor numero de presidentes de comunidad (Huamantla, Tlaxco, Ixtacuixtla, Atlzayanca, Tlaxcala, entre otros) por el solo hecho de que se dificulta tomar acuerdos en la asamblea municipal o bien, porque el voto a aquellos entorpece las sesiones obligadas de cabildo, sobre todo para acordar asuntos de obra o servicios básicos comunitarios.

 

Solo que deberá reconocerse que los presidentes municipales deberán aceptar que llegar a acuerdos que beneficien a la comunidad los pueden fortalecer para propósitos de gobernabilidad y proyectos futuros, sobre todo ahora que habrá un gobierno federal dispuesto a llegar con mayores beneficios a las localidades más alejadas y rurales.

 

Si es cierto se requerirá de mayor capacidad de gestión y sensibilidad para trasladar recursos, en obras y servicios a las comunidades más marginadas. El espíritu con que se crearon esas instancias de gobierno. En Tlaxcala, desde 1996 fueron para beneficiar a las comunidades, no a quienes los presidan. A esta  forma de atención ciudadana se le denomino en su momento como el cuarto nivel de gobierno.

 

Ojalá y esto predomine nuevamente para bien de los Tlaxcaltecas.          

 

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