Concluyo ya por fin, el fatídico gobierno del llamado atlacomulco, que durante seis años hizo valido el apotegma político de que “político pobre es un pobre político”.

 

Desde el poder aplicaron la fórmula para hacer de los cargos oportunidad de negocios con particulares; dispendio del erario; saqueo permanente con la obra pública, con los servicios y sus adquisiciones sobreprecios recurrentes… resultado corrupción e impunidad, sello del sexenio que ya se fue.

 

AMLO ha destacado que el modelo neo liberal, vigente más de tres décadas arruino al país, por ello debe modificarse de raíz para dar paso a uno donde prevalezcan la austeridad republicana, la disciplina financiera, la racionalidad del gasto público, a fin de fortalecer los programas sociales que beneficien a los sectores de la población con mayor pobreza y marginación; a los grupos vulnerables que en México representan hoy; a la mitad de la población.

 

Mayor Justicia social, con el propósito de contener la inseguridad creciente, la violencia desmedida, el creciente poder del crimen común y el organizado, que ha llevado a México a niveles alarmantes de desaparecidos, secuestrados, desplazados atemorizados, a familias destrozadas comunidades sin ley, zonas controladas por el crimen organizado.

 

Un caos en materia de seguridad, revertir todo ello con la aplicación de la ley, la urgencia del estado de derecho pacificar, estados y regiones es el reto principal del nuevo régimen político, anunciado por AMLO.

 

El 1 de diciembre del 2018 quedará como el parte aguas de nuestro país donde la política debe estar al servicio de la gente y no para el negocio personal.

 

Donde la economía esté al servicio de los sectores más necesitados y no de una élite privilegiada. Ni más ni menos.