Para mi carnal Alejandro que hoy 24 de abril cumple sus 51 años de edad.

 

Un debate es una controversia, una discusión, nos dice el diccionario de la Real Academia Española de la lengua.  Pero también es una contienda, una lucha, un combate.

 

Directo de esta última acepción llega a la literatura y la práctica de la política como profesión, en forma de confrontación directa de los candidatos. Confrontación que idealmente le debe dar prioridad a las propuestas, fundadas en una ideología como carta de navegación, diría Karl W. Deutsch.  Pero que en medio del mar de las campañas dirigidas por vulgares mercadólogos, se convierte en la muestra más nítida de la cultura política decadente del “todo se vale”.

 

Así es que el llamado “debate” del domingo pasado, que en realidad es, pese a la considerable mejora en el formato del mismo, particularmente el trabajo de los moderadores; una comparecencia de aspirantes presidenciales. Que se materializó en lo que se esperaba: un embate contra el señalado puntero en las encuestas de preferencia electoral, es decir Andrés Manuel López Obrador.

 

Lógico resulta ello porque los llamados debates, convocados por la autoridad electoral, son parte de la estrategia diseñada en los cuartos de guerra y “ganarlos” les parece prioritario, porque en esa lógica de convencer “clientes” y no ciudadanos, suponen que les permitirá avanzar en esa percepciones.  No importa mentir incluso, el caso es ganar potenciales votos cautivos.

 

Por eso es que, como se ilustra en un estudio del portal Sin embargo, del total de los “ataques” que se dieron en la comparecencia, 49% fueron dirigidos a López Obrador.  Algunos bien pensados y retóricamente hablando bien construidos, aunque en ocasiones aduciendo falsedades, como los que hizo el impetuoso Ricardo Anaya.  Otros, la mayoría, sosos y reciclando acusaciones de hace seis y hasta doce años por parte de Meade y Margarita.  Y algunos burdos y francamente grotescos por parte del autodenominado “Bronco”.

Entonces el pseudodebate, convertido en embate contra López, tuvo como principal característica, el rosario de cuestionamientos al tabasqueño, que si hubiera respondido a cada uno de ellos, habría necesitado por lo menos otros veinte minutos de tiempo.  Aspecto que por cierto tiene que trabajar para el segundo debate (igual que todos los demás excepto Anaya) ya que, pienso que por el acoso constante, no calculaba el mismo y lo agotaba antes que los demás.

 

Todo lo contrario de Ricardo Anaya, quien ducho para estos menesteres de confrontar al oponente, se ha preparado lo suficiente, aunque abusando de sus cartelitos, algunos con vulgares mentiras, que la iniciativa “Verificado 2018” ha corroborado como tales.  Al muchacho le ha interesado dejar la impresión de que fue el mejor en la confrontación, uno, contra Meade, de lo que parece no haber duda y dos, frente a AMLO lo cual en el post debate parece revertírsele poco a poco.  A pesar de ello considero que las encuestas podrían darle uno o dos puntos más, a costa de Meade, pero lejos de acercarse a Andrés Manuel.

 

Por su lado el candidato del PRI, se ha visto, eso opino yo sin considerar tener la verdad absoluta, apocado, es decir con el ánimo y el espíritu muy bajo, como ha sido su campaña.  Nada fácil debe resultar para él arrastrar el lastre histórico del nefando partido, así como su trayectoria personal, vinculada a los dos gobiernos más lacerantes en materia de seguridad y corrupción, que eran temas del evento.  Casi nockaut le da el alevoso panista al dejarle de tarea otra 7de7.

 

De Margarita Zavala, es indudable que ha ensayado mil veces su participación.  Las más de ellas ha sobreactuado y al salir sola del recinto, contrario a sus adversarios que lo han hecho con sus cónyuges, evidencia que la sombra del nefasto Calderón no le permitirá mucho en esta contienda.

 

Y del Bronco, pienso que más bien salió broncudo hasta el ridículo.  Seguro su costal de ocurrencias e imprudencias aún contiene podredumbre que sacará en los dos “debates” faltantes y lanzará bajo consigna.

 

Mientras, las campañas vuelven a la contienda en las calles, en las plazas, en la radio, la televisión y el espacio de los flujos de la internet.  Atentos, por dedicarnos a esto estaremos, así como porque como ciudadanos comunes es nuestro deber.

 

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