La política se inventó, dice Fernando Savater, en su libro clásico, que yo considero de cabecera, Política para Amador (Ariel, 2007), para detener algunos conflictos, canalizarlos y ritualizarlos; y con ello evitar que la sangre llegue al rio.

 

En la actual coyuntura política mexicana, es decir de lo público, infectada por la pandemia del COVID-19 y los precios internacionales del petróleo, se generan conflictos entre los partidarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y los detractores del mismo (quisiera decir sus críticos, pero no asumen esa calidad aún, lamentablemente).  Una oposición que es siempre necesaria para el juego democrático y que desde luego debe tener diferencias con el gobierno.

 

Diferencias que se manifiestan como desacuerdos, para no llamarlos conflictos. Y que tal como lo dice la última frase del primer párrafo de esta reflexión es preferible que tales diferendos se resuelvan sin violencia.  Violencia verbal o física. Los conflictos, hay que recordar son propios de las sociedades humanas porque cada individuo y conglomerados específicos tienen intereses propios.

 

Entonces si la política  tiene una función práctica, esa es la de resolver los conflictos, de pareceres o de acciones.  Esto que es elemental de repente parece que no lo vemos así; porque confundimos la política con la politiquería o con lo que coloquialmente llamamos “grilla”.

 

Nuestros políticos que se suponen profesionales, lamentablemente se evidencian más como amateurs.  Y detrás de ellos sus seguidores repiten los mismos errores de percepción.

 

Porque además, como para que no andemos con cosas propias de nuestra ignorancia, asevera el propio Savater, en las sociedades todo o casi todo es política y en las sociedades democráticas, así sean incipientes como la nuestra en México, todos somos políticos, aunque algunos son políticos de profesión, es decir viven de y para la política.

 

Así, tanto la estrategia para enfrentar la pandemia del nuevo coronavirus, como la política petrolera frente a la caída, o más bien desplome, de los precios internacionales del petróleo crudo, son asuntos políticos.  Está bien que se vean así, como cuestiones políticas, es decir que nos importan a todos como colectividad, más allá de nuestras individualidades.

 

Entonces no está mal que se politicen. Está mal que se partidicen.  Es nocivo que no se pospongan los intereses de un partido u otro, de tener más adeptos para la próxima elección; cuando los que deben priorizarse son los de la sociedad toda para la próxima generación.

 

Dejar de fijarnos en lo que juegan los políticos, de profesión insisto, y poner más atención en lo que está en juego en la política.  Lo que está en juego en las políticas específicas.  En el contexto actual la política de salud o la energética, con los casos específicos de la pandemia y el comercio internacional mencionados, pero también con todo lo demás, la política económica, la de educación, la cultural, la ambiental.

 

Políticas que implementan los gobiernos, tanto el federal como los locales.  Gobiernos que nos representan a todos, independientemente de si votamos o no por las personas que los encarnan.

 

Tal cual subtitula Karl W. Deutsch su libro Política y gobierno (FCE, 1998), se trata de ver Cómo el pueblo decide su destino.

 

Al votar por López Obrador como presidente de la república, o Enrique Alfaro como gobernador de Jalisco, por ejemplo; siguiendo la “metáfora del barco” de Deutsch, elegimos al timonel, al encargado de llevar a la nave a buen puerto.  Ese conducir el timón, que son sus políticas, se hace a partir de, siguiendo el mismo planteamiento, una ideología (como conjunto coherente de ideas).

 

Sí nos informamos qué ideología cada uno de ellos sigue, cual mapas de navegación, entenderemos por ejemplo el diferendo de que mientras el gobierno del primero, en base a lo que dice la Organización Mundial de la Salud, afirma que las pruebas rápidas del COVID-19 no sirven; el segundo, siguiendo cierta asesoría de científicos de la Universidad de Guadalajara, argumenta que sí y las implemente.

 

Al final las personas, centralmente los ciudadanos, en un ejercicio de rendición de cuentas, sancionará favorable o desfavorablemente dichas medidas.  Porque lo que está en juego en esa política específica es la salud de la población.  No de un individuo en específico, sino de conglomerados humanos. 

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