El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene en un extremo a sus fieles seguidores y en el otro a sus irracionales detractores.  Prácticamente ha sido así, desde el 2000 que mostró, como Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, que su forma de hacer política y de gobernar era distinta a la tradicional.

 

A propósito de que cumple un año al frente del poder ejecutivo federal, sus opositores, partidistas principalmente, convocaron a una marcha, cuyas imágenes dejan con claridad la idea de que para ellos es el peor gobernante de nuestra historia.  Por otro lado sus incondicionales han acudido a su llamado y abarrotado nuevamente el Zócalo, bajo su grito de batalla desde el desafuero en 2005, ¡No estás sólo!

 

Esto último para nuestra reflexión de hoy no nos interesa.  Queremos mirar más bien cómo desde la comunidad virtual de Facebook, hay quienes no están de acuerdo con lo que decide y hace el presidente y están convencidos que no hay logros en su gobierno.

 

Es decir de cómo, desde lo que Manuel Castells llama la “política de las creencias”, esos opositores, afortunadamente una minoría, ven todo oscuro: “crecimiento cero”, repiten bajo el “efecto loro”, como sí económicamente hablando sólo esa variable contara.

 

Pero la cosa va así.  Al compartir una imagen en la que se destacan lo que sus seguidores consideran “logros”; quitar la pensión a los expresidentes por ejemplo o cancelar la construcción del aeropuerto en Texcoco, empieza la carrera de los “like” contra los “me divierte”, siendo esta reacción última como lo contrario de aquellas. Hasta el momento en que escribo esto el marcador era de unos diez de aquellos contra unos siete de estos.  Lo cual me indica que entre mis “amigos” en el feis y los “amigos” de mis “amigos”, el número de amlovers y amlofóbicos anda equilibrado.

 

Lo que para los primeros son éxitos del Presidente y los celebran gustosos, para los segundos, si no son fracaso, por lo menos no es suficiente.  Le digo a uno de ellos, que casi le echa la culpa al presidente porque la gasolina no baja de precio y su carro no jala, dice; que es bueno ser egoísta, es decir preocuparse primero por uno y luego por los demás, pero que los procesos políticos van más allá de la percepción de nuestro entorno cercano.

La idea de que el Presidente López Obrador decepciona es la más interesante de analizar, porque el ciudadano que votó por él y ahora se desilusiona, es alguien que no entiende lo básico de la política práctica con respecto a los candidatos: nunca hay que ilusionarse con ellos porque lo más seguro es que nos desilusionen; así, si no me ilusiono, pues no va a poder desilusionarme.

 

Está en esta categoría el ciudadano promedio cuya característica básica es su bajo nivel de politización.  Por lo que es muy fácil que caiga en la desinformación o subinformación que lamentablemente varios medios de difusión, televisión, radio, y prensa tradicional están realizando.  Tenemos pues una dura batalla ideológica.  En la que los intereses de los estratos privilegiados antaño fueron lesionados y no están dispuestos a perderlos.

 

Mientras que por el otro lado, las grandes mayorías de los estratos pobres, que ahora están recibiendo beneficios con apoyos directos en efectivo, como los adultos mayores, los estudiantes, los campesinos, sienten tener al presidente que nunca tuvieron, de su lado.

 

Punto intermedio son aquellos que medianamente informados, pero sumamente ideologizados por el ideal pequeño burgués, insisto bajo el “efecto loro”, se dicen preocupados porque “2019 es el año más violento”; como si dicha violencia haya tenido una aparición espontanea el 1 de diciembre de 2018.  Utilizando el torpe chiste de “los otros datos”, parecen ignorar que por lo menos en los dos sexenios anteriores, en la materia, no se hizo prácticamente nada para detener esa espiral de violencia.  Ni siquiera en conformar un verdadero cuerpo de profesionales de la seguridad. 

 

Pero por qué, hasta provocar la risa hilarante, esa percepción impera en los otrora importantes opinadores públicos y permea en estratos medios.  Sencillo, porque son la franja más dura del antilopezobradorismo de siempre.  Esos que sin más le sueltan al Presidente, calificativos suaves como el de ignorante, o algunos ya francamente delirantes como el de que sería un “dictador” o el trasnochado de “comunista”

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La clave está en la información que ahora circula ya más en las llamadas redes sociales, con tuiteros y yotubers, que desmienten todos los días a los antes casi inmaculados conductores de televisión, radio o columnistas.

 

Así estaremos aún un buen rato.  Y afortunadamente, lo miro como un futuro posible, no como adivino, la minoría conservadora de hoy cada vez será más minoritaria, cuantitativa y cualitativamente hablando, porque está más ocupada en descalificar al presidente que construir o reconstruir su propuesta programática e ideológica.

 

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