¿Qué es lo que realmente está en juego en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador?  Lo que siempre está en juego en la política, es decir las condiciones políticas, económicas y sociales en que se da la vida cotidiana de la gente.

 

¿Y por qué, pese a que las encuestas confirman que cuenta con un amplio apoyo popular incluso mayor al recibido en las urnas el 1 de julio de 2018, algunos opinan, más que analizan, que lo pudiera estar haciendo mal?  Es decir ¿por qué esos pocos, estudiosos o atentos al acontecer social, no miran cómo las mayorías se sienten a gusto con AMLO?

 

Distingamos con claridad dos grupos en ese conglomerado.  Primero los detractores, es decir aquellos que de una u otra manera vieron y ven afectados sus intereses personales y de grupo con el triunfo del hoy presidente de la república.  Y segundo, los críticos, es decir los que en el ejercicio de su libertad de pensamiento cuestionan las, o algunas de las, decisiones que hasta ahora ha tomado el titular del Ejecutivo y Jefe de Estado de nuestro país.

 

A los primeros no les hagamos mayor caso para el análisis, como parten en cierto modo del odio, todo lo que pueden decir no pasa de las denostaciones o descalificaciones.  Y no, no me refiero a Fox, Calderón y personajes similares, ellos lamentablemente, caen en la vileza y vulgaridad que, no soy adivino, probablemente tengan que pagar judicialmente hablando en un futuro no tan lejano.

 

Concentrémonos pues en los verdaderos opositores que ejercen la verdadera crítica, repito, es decir su libertad.

 

Entre estos tenemos mayoritariamente a los que a ras de tierra, desinformados o subinformados, dicen haber votado por AMLO, pero que apenas en cuatro meses “ya los ha decepcionado”, es decir los que votaron por él a regañadientes porque simplemente no había otra opción ante el desastre de país, insistamos, desastre político, económico y social.

 

Grupo que piensa a manera de reflejo delo que piensan los “líderes de opinión” a los que escucha, principalmente en la televisión, aunque algunos pocos en radio, prensa escrita e incluso las llamadas redes sociales.

 

De esta manera, finalmente tenemos un minúsculo conjunto de críticos del Presidente AMLO.  Es decir de intelectuales (pienso en Jorge Zepeda Patterson), que se esfuerzan en analizar la complejidad de la coyuntura, pero no para decir si está bien o está mal lo que hace, dice o decide el Presidente, sino para tratar de ayudar a entender esa complejidad.  Que tendría que ser, valga la pena recordar(melo), el objetivo del analista político que no se queda en la mera opinión.

 

Pongamos un ejemplo rápido, en cada uno de los rubros, mencionados. 

 

En lo político López Obrador ha destruido la imagen y la práctica del Jefe del Ejecutivo (y Jefe del Estado a la vez) que todo lo puede, por eso destina todos los días un buen tiempo en dialogar con la prensa, porque sabe (lo hizo siendo Jefe de Gobierno del entonces DF) que es su vínculo con el pueblo, que es quien lo apoya frente a los ataques de sus adversarios.  El presidente y su equipo también se pueden equivocar, dice, pero también escuchan y pueden corregir.  A ese tipo de político, no lo conocíamos tan encumbrado en México.  En lo económico, el gobierno federal apuesta a cambiar el rumbo tratando de reactivar la economía interna invirtiendo en la gente, en “los jóvenes construyendo el futuro” y en sectores abandonados como el campo o en negocios concesionados a una iniciativa rapaz, como la minería o la infraestructura de comunicaciones (léase Tren Maya).  Y en lo social, darle énfasis a la seguridad pública con la creación de la Guardia Nacional y a la vez invertir en educación y trabajo, principalmente para los jóvenes, es generar una política pública radical, es decir que va a la raíz del problema; como alternativa a lo errado de las mismas aplicadas, por Calderón y Peña, que habrían colombianizado a México.

 

Todo esto se ha criticado esporádicamente. Desafortunadamente ha prevalecido la diatriba.

 

Aún con ello, estamos en un tremendo y necesario debate diario, o más bien lucha ideológica.  No importa vencer o convencer al otro, importa escucharnos en nuestras diferencias.  Al final, frente a las ineludibles urnas, cada quien decide.

 

México con López Obrador al frente está en la construcción de una nueva sociedad, más democrática y decente, no tengo ninguna duda.  Es a lo que llama la cuarta transformación, como revolución pacífica de conciencias, de la vida pública del país.  Hay dos bandos políticos, como siempre, los que están a favor y los que están en contra.

 

Es muy temprano para decir quién ganará, pero siempre hay indicios, para analizar (no echar porras) quien pudiera ir ganando.  Por ejemplo, los eventuales resultados de las elecciones ordinarias del próximo 2 de junio en Aguascalientes, Baja California, Durango, Quintana Roo y Tamaulipas, así como extraordinarias en Puebla.

 

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