Irrita a sus detractores, no a sus críticos, que el Presidente López Obrador, afiance su discurso en lo que llama la Cuarta Transformación de la Vida Pública de México (4T).

 

De hecho hay muy pocos críticos verdaderos a su gobierno, es decir libres pensadores que le pongan atención a lo que está en juego en las medidas o decisiones del mismo, ya que abundan los detractores que se extravían en el juego del titular del ejecutivo.

 

Se percibe, y debe eso preocuparnos, la ausencia de una oposición política consistente en la arena sobre todo del parlamento.  El bloque que componen tanto en la cámara de diputados federal, como en la cámara de senadores, PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano, centralmente, no está siendo propositiva sino reactiva, ante la mayoría oficialista de morena, PT y PAS.  No sólo parece que no se recuperan de los resultados negativos que obtuvieron en las urnas el 1 de julio del año pasado, sino que discursivamente no hallan uno razonable viéndose casi obligados a caer, o en una oposición mecánica o en la descalificación.  Y lo que necesita el país es la crítica seria y con argumentos sólidos que obliguen a la negociación que posibilita la política como el arte de lo posible.

 

El caso del debate en el Senado sobre la Guardia Nacional es ejemplo vivo de lo que se requiere.  Una oposición que se oponga dialogando, negociando y acordando.  Ya lo veremos ahora sobre el mismo proceso legislativo en la Cámara de Diputados.

 

Por eso es que no se entiende que en la lucha por el poder ideológico, algunos estén empeñados en seguir divulgando mentiras para que la gente de abajo, sobre todo en las mal llamadas redes sociales, se den pleitos inútiles y fomente el odio mutuo entre los que apoyan al presidente, que según las encuestas son un 80%, y los que nunca lo toleraran.   Cualquier error, por mínimo que sea es maximizado sin medir las consecuencias.  Se promueve el apresuramiento en temas delicados de comprender, como lo de la suspensión del apoyo a las organizaciones de la sociedad civil.  La descalificación fácil que nada ayuda, en lugar de plantear la lucha por recuperar ese apoyo, para las que realmente canalizan los recursos públicos que gestionan a la gente que verdaderamente los necesita.

 

Porque en ese sentido desde la sociedad civil organizada, es decir la que no milita en partido político alguno, también se requiere una oposición que cuestione al gobierno y lo haga voltear hacia ella.  Como de alguna manera ocurre con el caso del complejo de la temoeléctrica en Morelos, donde grupos sociales organizados perjudicados, protestan, el gobierno responde con la organización de una consulta sobre el caso, pero que, lamentablemente, no tienen la suficiente fuerza para convencer a la mayoría y el proyecto sigue.  Pero, ha dicho el Presidente, con la observación de la ONU.  Y también debería ser con la severa observación de esos grupos opositores, para que lo que ha dicho se cumpla y no sigan ocurriendo como antaño, decisiones a sus espaldas.  Pero deben entender, que si bien por muy pocos votos porcentualmente hablando, fueron derrotados en unas urnas que ya que se abrieron, no hay que permitir que se vuelvan a cerrar.  La lucha seria, no a gritos y sombrerazos, debe mantenerse por la memoria de los asesinados en la misma.  No sólo la de Samir sino todas las víctimas de los años pasados e incluso la de otros países como Colombia.

 

Esas dos oposiciones, la política y la social son más que necesarias para dar un jalón fuerte a nuestro proceso de democratización, desafortunadamente estancado estos primeros 18 años del siglo XXI y por lo menos los últimos diez del XX.

 

Y son necesarias porque entre otras cosas lo que se necesita afincar en nuestra cultura política es el respeto y la tolerancia, pero fincados en la pluralidad no en el monopartidismo o las visiones únicas.

 

Eso es lo que AMLO llama lo más importante de la Cuarta Transformación, el cambio en la conciencia de los mexicanos, su politización, o sea su interés por lo público y la consecuente mejora en las condiciones de vida de las mayorías esquilmadas durante décadas y principalmente pacificar a un país aún sumido en la vorágine de la violencia del crimen organizado.

 

La oposición como minoría, así en términos generales no es un oponerse por inercia, sino la diferenciación de las fuerzas oficialistas mayoritarias, para en el juego democrático aspirar a convertirse en la mayoría en el futuro.  Pero ello sólo será posible en la medida, ahora más que nunca por el nivel de información al que tenemos acceso, sí es que se apela a la verdad y se aleja de las mentiras y las descalificaciones fáciles.  Es decir si se debate no precisamente para convencer al otro, sino inicialmente para escucharlo, intercambiar opiniones y decidir libremente.

 

e- mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @ccirior

 

TODOS LOS ARTÍCULOS DE OPINIÓN SON RESPONSABILIDAD DE SU AUTOR, Y NO NECESARIAMENTE REPRESENTA EL PUNTO DE VISTA DEL PORTAL POLÍTICA TLAXCALA