A Leonardo Darío y sus 26 años. 

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador no ha sido más claro, para el caso de Venezuela, que rescatar, más que la postura histórica mexicana de la no intervención en otros países, la iniciativa de ayudar a resolver el conflicto político en esa nación vía el diálogo.

 

Geopolítica le llaman los más avezados en los temas internacionales, para referirse fundamentalmente lo que está en juego en los conflictos internos de repercusión global o los conflictos entre naciones.  Hacer análisis desde la geopolítica, exige por tanto considerar no sólo los elementos de ubicación geográfica y de correlación de fuerzas políticas, sino además los aspectos históricos, económicos y culturales.

 

Para el caso en comento necesariamente hay que partir de la llamada Doctrina Monroe, es decir de la postura política del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica James Monroe, entre 1817 y 1825, frente a las supuestas y reales  intenciones de naciones europeas, de hacerse, vía la conquista o cesión, de territorios en América.  Doctrina que al paso del tiempo, sobre todo en el siglo XX, se convirtió en la base para justificar su política intervencionista, abierta o velada en América Latina.

 

José López-Portillo y Rojas publicó un panfleto a propósito de dicha doctrina en 1912 y casi al final sentencia: “La doctrina Monroe no se sujeta a ninguna regla.  Nació de la voluntad unilateral de los Estados Unidos, sale a la palestra de un modo arbitrario…”  “Los Estados Unidos han representado contantemente el papel de enfant terribles en el concierto de las naciones.”

 

En esa línea de reflexión habría que continuar señalando que de alguna manera la llamada Doctrina Estrada, resulta una especie de respuesta mexicana a la doctrina Monroe y define desde 1930, durante el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, la idea central de nuestra política exterior. Redactada por el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada, se enfoca principalmente a señalar que México, como Estado Nación, no reconoce legitimidad o ilegitimidad al gobierno de ningún país y en todo caso se limita a retirar a sus diplomáticos cuando así lo considere pertinente.

 

Así, haciendo un poco de geopolítica alrededor del tema venezolano, hay que ubicarnos en que el régimen que inició en 1999 Hugo Chávez y que llegó a llamar Socialismo del Siglo XXI, nunca ha resultado del agrado de USA y por lo tanto siempre lo ha combatido. Y luego entender la coyuntura política actual en la que la oposición de derecha en el país de Bolivar, no reconoce la legitimidad del Presidente Nicolás Maduro, pese haber ganado en reelección para un segundo mandato, las elecciones correspondientes.  Así un tal Juan Guaidó, se autoproclama “Presidente Encargado” y los gobernantes de las naciones del mundo se dividen entre los que lo “reconocen” y los que llaman a una solución pacífica del conflicto vía el diálogo de las partes.

 

Los primeros son encabezados apresuradamente por Donald Trump y seguido por aliados europeos como el español Pedro Sánchez y el francés Emmanuel Macron.  Por los segundos, toman la iniciativa Andrés Manuel López Obrador por México y Tabaré Vázquez por Uruguay con el respaldo del ruso Vladimir Putin.  Los primeros, sin decirlo pugnan casi por una intervención militar gringa, mientras los segundos llaman al diálogo de las partes que, curiosamente acepta Maduro, pero rechaza Guaidó.

 

Hay que decirlo sin cortapisas, lo que está en juego es la paz.  Una intervención militar norteamericana está latente y curiosamente algunos desde México la apoyan abiertamente con el argumento de que se debe intervenir porque en Venezuela se violan los derechos humanos.  Aquí durante los últimos treinta años también se han violado esos derechos, empezando por el de la vida, contra periodistas por ejemplo, o los miles de casos de la terrible desaparición forzada, ¿debimos haber pedido que interviniera el ejército de nuestro alucinante vecino del norte?  Desde luego que no.

 

Hay quienes desde nuestro país, analistas de perfil conservador centralmente, incluso pueden llegar a opinar que la Doctrina Estrada o el párrafo décimo del artículo 89 constitucional son obsoletos y le exigen al Presidente López Obrador no observarlo.  Pongamos aquí para concluir esta reflexión la siguiente cita del lineamiento constitucional: “En la conducción de tal política (exterior), el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.”

 

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