Intenso ha sido el trabajo del aún presidente electo durante los casi cinco meses de su triunfo electoral al día que rinda protesta constitucional de su cargo.  No ha parado prácticamente de tomar decisiones en ese carácter, que por lo inédito de hacerlo a la luz del día, han generado un necesario debate.  Veamos sólo dos de los casos por considerar que en ellos se palpa lo que realmente está en juego para los próximos seis años.

 

Contrario a la costumbre opaca de sus antecesores de designar a su gabinete y demás colaboradores en lo oscurito y como reparto del botín, Andrés Manuel López Obrador lo ha hecho incluso desde la campaña, para confirmarlo después de ella.  Y a partir de esto ha recibido críticas bien sustentadas las pocas, y descalificaciones sin sentido muchas más.  Siendo de sus detractores las segundas, principalmente de quienes no votaron por él, se ha mantenido en su decisión porque más que anunciarlos como gente privilegiada con el nombramiento, lo ha hecho para que desde ya se involucren en lo que será su responsabilidad.

 

Este aspecto es central porque el perfil que se esperaría, sobre todo por sus votantes, de esos futuros funcionarios es el de profesionales conocedores del tema y por lo tanto eficientes.  Del ruido generado desde la oposición al futuro gobierno, no sólo en el aspecto partidista, sino principalmente en el espectro ideológico de la opinión publicitada en los medios tradicionales de comunicación (televisión, radio y prensa escrita), prácticamente nadie se ha salvado.  Los cuestionamientos van desde los irrisorios, por trasnochados, señalamientos a Manuel Bartlet (futuro director de la Comisión Federal de Electricidad) como “autor del fraude electoral de 1988”; hasta las insustanciales acusaciones de un “pacto con el ejército”, en el nombramiento de los próximos secretarios de la Defensa y de la Marina.

 

Quizá sin darnos cuenta toda la discusión que se ha dado en torno a la gente que colaborará con López Obrador es tan benéfica como nueva, ya que de alguna manera, por primera vez, dichos nombramientos pueden ser cuestionados abiertamente.  Aunque para quienes tienen confianza en aquel, lo importante es que se les identifique también como gente  honesta y que difícilmente se corrompería.  En algún momento, dentro de lo que llama su política de austeridad, ha dicho que varios de ellos incluso trabajarían sin cobrar, es decir como probonos.  Ya veremos si efectivamente eso es posible.

 

El segundo aspecto importante de las decisiones de AMLO en este periodo de transición, que consideramos trascendental, respecto a lo que se espera de su gobierno, es el cumplimiento de sus compromisos de campaña.

 

Algunos de los cuales, han generado fuertes discusiones con sus opositores y que con cierta habilidad política, Andrés Manuel ha logrado canalizarlos hacia sus controvertidas “consultas ciudadanas”.  Dos han sido y surgieron, repito, casi como respuesta a los virulentos ataques que sus propuestas recibieron inmediatamente después de su triunfo.

 

En primer lugar destaca el caso de la suspensión de las obras del llamado Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México que se construía en Texcoco.  Más de un millón de ciudadanos en todo el país respondieron a la primera consulta, donde, hábilmente insisto, su equipo puso en una boleta dos opciones: Texcoco o Santa Lucía.  Consulta que fue duramente criticada en términos de su organización por quienes de manera ortodoxa buscaban no sólo un sustento legal innecesario, sino también aspectos técnicos burocráticos propios del Instituto Nacional Electoral.

 

Vistos los resultados de aquella consulta ampliamente en contra de Texcoco, sus detractores, pero ahora no sólo desde la derecha sino incluso desde una izquierda radical y esporádica como la del EZLN, le espetaron que también pusiera a consulta la obra del llamado Tren Maya, a lo que respondió, nuevamente con la habilidad de incluir en esta segunda consulta un total de diez de sus iniciativas.  ¿Le preocupaba que, por ejemplo el dichoso proyecto del tren, fuera rechazado? Desde luego que no.  En su juego político lo único que buscaba era confirmar que tiene una estructura de influencia dispuesta a movilizarse cuando sea necesario.

 

Aunque lo importante, lo que realmente está en juego, es la posibilidad de a partir de las modificaciones pertinentes a la Constitución Federal, propiciar la democracia participativa, haciendo viables, no sólo las consultas, sino el plebiscito, el referéndum, las iniciativas populares y la revocación de mandato; en los próximos años.

 

Cinco días faltan para la asunción del nuevo gobierno federal y todos debemos estar atentos a lo que viene; principalmente para incorporarse o no a los esfuerzos para sacar al país del hoyo en el que nos deja Peña.

 

e- mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @ccirior

 

TODOS LOS ARTÍCULOS DE OPINIÓN SON RESPONSABILIDAD DE SU AUTOR, Y NO NECESARIAMENTE REPRESENTA EL PUNTO DE VISTA DEL PORTAL POLÍTICA TLAXCALA