Hay quienes, cosa respetable, sienten admiración y respeto por el ejército mexicano, porque ellos o familiares suyos pertenecieron o pertenecen a él.  Hay quienes lo repudian y detestan a partir del papel de instrumento represor del Estado mexicano en manos de titulares del poder ejecutivo de la nación, en su papel de Comandante en Jefe de las fuerzas armadas.  Y parece que no hubiera posiciones intermedias al respecto.

 

De acuerdo con el estudio del Instituto Nacional Electoral, denominado “Informe País, sobre la calidad de la ciudadanía en México”, presentado hace tres años, la institución armada tiene un 62% de “nivel de confianza” (p. 48 del Resumen Ejecutivo).  Es decir casi cuatro de cada diez mexicanos, entenderíamos, no confían en él.  De hecho, nuestro cerebro político, por ser emocional siente miedo cuando tiene a uno de esos profesionales enfrente, señalando que ellos, no tienen mayor responsabilidad en casos como la masacre del dos de octubre de 1968.

 

Se aduce, con esos operativos, una política de “seguridad nacional” que sólo ellos avalan por su formación bélica, es decir para la guerra, aunque haya informes bien documentados de lo contrario.

 

Uno de ellos es Díaz Ordaz y la masacre del 2 de octubre, de Carlos Montemayor, reeditada este año por el “Colectivo Memoria en Movimiento. Brigadistas Politécnicos del 68”; extraído de su libro La violencia del Estado en México, antes y después de 1968 (2010).

 

El extracto consta del aparto 8 al 16 y constituyen un análisis de información que plantea la hipótesis de que el ejército mexicano, profesionalizado después de la revolución iniciada en 1910, ha tenido un papel de represor violento de las protestas del pueblo mexicano contra el Priato como régimen autoritario.

 

Es en estricto en el apartado 11 donde se subrayan, “ciertos aspectos de lo ocurrido el 2 de octubre de 1968”, empezando con el dato de que esa “operación militar… fue denominada por la Secretaria de la Defensa «Operación Galeana» y estuvo al mando del general Crisóforo Mazón Pineda.”  Y fue “planeada para apoyar las acciones del Batallón Olimpia, corporación irregular que a lo largo de los años ha provocado confusiones relevantes sobre los comando armados que atacaron a la población civil y al ejército mismo…”  Su misión, “que debía realizarse sin abrir fuego, consistió en la aprehensión de todos los «cabecillas» del movimiento.”  Considerada, en “documentos del general García Barragán”, entonces Secretario de la Defensa, como un “éxito completo.”

 

Sólo que ese “éxito” incluirá una masacre en la Plaza de las Tres culturas, iniciado por francotiradores del Estado Mayor Presidencial (ese que ahora López Obrador ha dicho que desaparecerá) apostados en diversos edificios del complejo habitacional y en el techo del templo de Santiago Tlatelolco.  Documenta Montemayor que García Barragán “refiere que el tiroteo empezó cuando se aprehendió al orador del mitin y se le quitó el micrófono”.  El general no sólo hablará, con referencias históricas como la del asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, afirma Montemayor, de que esa tarde del 2 de octubre de 1968 hubo una masacre, “sino de traiciones en el interior de la fuerzas armadas.”

 

Muy ilustrativo, aunque terrorífico de leer para cualquier pacífico ciudadano.  Dos preguntas me generan las líneas finales del apartado 11 mencionado que señalo antes de concluir.  Se ilustra que el general Barragán habría confiado que la orden era “aprender a Sócrates Amado Campos cuando estuviera al micrófono…” Pregunto ¿No sabían quienes elaboraron el plan que dicho personaje no estaba programado como orador, o ellos mismos le dieron la orden, como infiltrado en el movimiento, de arrebatárselo a quien lo tuviera, como una señal de inicio del ataque?  Y dos la orden incluía “tapar todas las salidas del edificio Chihuahua, para evitar la fuga de los cabecillas…” Nuevamente pregunto: ¿Sabían que el Consejo Nacional de Huelga había ordenado que, salvo los oradores, nadie más acudiera a ese lugar, pero que la mayoría de ellos, pecando de protagonismo, desobedecerían?

 

Considero que ha sido una gran aportación la edición de este material por el colectivo mencionado al principio.  Pero sobre todo por lo que se señala en el último apartado el 16, sobre el papel injerencista de los Estados Unidos de Norteamérica a través de la CIA en varios países de Latinoamérica.  Y pensando en lo que está en juego ahora que en México llega al poder un partido identificado como de izquierda.

 

Profundizando en el caso de Chile y el ascenso de Salvador Allende al poder, pese a las inversiones millonarias para impedírselo, cosa que logró en su tercer intento en 1970.  Como hablándonos desde su ausencia, Carlos Montemayor nos dice que “Una campaña de terror electoral semejante vivió México en 2006…”  Que “tuvo un éxito relativo, pues resultó ineficiente para legitimar las elecciones.”  Doce años después y también en su tercer intento y pese ese “esquema de socavamiento mediático”, diría Montemayor, López Obrador está a punto de asumir la presidencia de nuestro país; con la duda fundada de qué se hará en el caso del ejército, empezando por la designación de los militares titulares, tanto de la Secretaría de la Defensa como el de la Marina.

 

El ejemplo chileno está ahí, podemos decir evitando toda paranoia, como espejo.  Aunque muy remota está la posibilidad de un golpe de Estado, uno, por la tradición militar mexicana, dos por la actitud mesurada del presidente electo y tres por el contexto mundial.

 

e- mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @ccirior

 

TODOS LOS ARTÍCULOS DE OPINIÓN SON RESPONSABILIDAD DE SU AUTOR, Y NO NECESARIAMENTE REPRESENTA EL PUNTO DE VISTA DEL PORTAL POLÍTICA TLAXCALA