El huachicol estalló y esparció sus llamas por el país.

 

El fuego ya alcanzó a políticos que ocultaron el problema y lo dejaron crecer hasta niveles desproporcionados.

 

Gobernantes, burócratas y sindicalistas de Pemex cometieron omisiones al decir de quienes han tenido que cargar con los muertos: las fuerzas armadas.

 

El asunto, como todos los problemas sociales, tiene orígenes y soluciones multifactoriales, pero poco a poco los comentócratas han llegado a la primera conclusión: el robo de combustibles no tiene solución militar.

 

Así, a diferencia de la lucha contra el narcotráfico, nadie en su sano juicio afirma que enviando más soldados y marinos a la hoguera, se apagarán las llamas del huachicol.

 

El tema es mucho más complejo, y para acercarse a él resulta útil analizar la radiografía sociológica que publica Sergio Mastretta en Nexos: “Escenas del huachicol poblano”.

 

Ahí queda claro el complicado entramado económico y social que propició el crecimiento del robo de combustible, precisamente en esas zonas pobres del México Profundo, y que hoy en día poco tienen que ver con los pueblos de la Época de Oro del cine mexicano, o con los descritos en los cuentos de Juan Rulfo.

 

En la investigación queda claro que entre los habitantes del Triángulo Rojo poblano ha surgido una poderosa voluntad emprendedora que combina las actividades de la agroindustria y el comercio informal con la construcción, el transporte de mercancías… y el robo de combustible. También, que en la zona las autoridades federales y estatales han estado ausentes, mientras las municipales están secuestradas por los delincuentes. Por tanto, nadie se ocupa del cumplimiento de la ley.

 

En aquellos sitios, las explosiones huachicoleras han dejado al descubierto una sociedad esforzada que está, al mismo tiempo, sometida por la corrupción y el machismo empistolado. Que también utiliza las más sofisticadas tecnologías para sus fines delictivos y que, desgraciadamente, ya contaminó con dinero sucio sus antiguos valores familiares.

 

¿Podrán las debilitadas autoridades actuales apaciguar éste insumiso adefesio colectivo?

 

¿O, tal vez, ya agotaron su autoridad moral para intentarlo?

 

Pronto lo sabremos.

 

alvalima@yahoo.com

 

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