Parametría lo coloca con 75 por ciento (%), El Financiero le da 68 % y El Universal ubica con 59% el buen desempeño de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, cifras que varían pero que en lo general muestran una calificación positiva para una figura que polariza y que ejerce el poder en condiciones difíciles.

 

Trescientos sesenta y cinco días han transcurrido desde que el izquierdista asumió la máxima magistratura, rompiendo así, con una hegemonía de los partidos de centro- derecha desde 1929 y sobre todo, imponiendo una nueva forma de gobernar.

 

Con 30 millones de sufragios obtenidos en la elección federal de 2018, López Obrador se convirtió en el candidato más votado en la historia del este país, lo que le permitió contar con la mayoría en el Legislativo, tan necesaria para impulsar los cambios legales que todo líder requiere para el desarrollo óptimo de su función.

 

Balance general

 

Toda administración está llena de claroscuros y la del morenista no es la excepción, la implementación de su política social que trata de apoyar a la gente de la tercera, edad, jóvenes o discapacitados ha sido reconocida y en contraparte, los pocos resultados de su estrategia de seguridad pública es su punto débil.

 

De acuerdo con el portal de análisis Oraculus, la “encuesta de encuestas”, denominada Poll of Polls (que retoma los 10 últimos estudios demoscópicos nacionales levantados entre agosto y noviembre de 2019) indica que la aceptación de AMLO ronda el 68%, mientras que las opiniones negativas a su mandato equivalen al 26%.

 

La clave del apoyo

 

¿Qué lo hace tan fuerte? Su éxito momentáneo obedece a varios factores, todos como producto de su trabajo en tierra a lo largo del tiempo: la creación y consolidación de una base social, su cercanía con los ciudadanos a través de sus giras, su lenguaje “digerible” para las “masas”, etcétera.

 

Su narrativa intenta crear una percepción de que sus antecesores dejaron un desastre, asimismo, reconoce que la crisis persiste pero con alguien honesto y austero (como él) y con un pueblo “sabio” que “lo cuida”, podrá revertir los problemas.

 

¿Y los otros?

 

En un sistema presidencialista como el mexicano, lo bueno y principalmente lo malo siempre es y será atribuido al Ejecutivo Federal, una idea bastante corta, ya que si bien las facultades de este último son amplias, existen diversos órdenes de gobierno en los cuales descansa una buena parte la responsabilidad.

 

Los estados y los municipios tiene la obligación de brindar servicios como la seguridad pública o generar las condiciones para que las empresas puedan crear fuentes de empleo, dos tareas que aún no se atienden, a pesar de que muchos de estos son encabezados por miembros el partido oficial (Morena).

 

Descontentos iniciales

 

Pero también AMLO tiene detractores que habitualmente manifiestan su descontento por las acciones que éste ha puesto en marcha. Empresarios, periodistas, asociaciones civiles, académicos y analistas de diferentes materias, continúan en una lucha mediática para tratar de restarle fuerza.

 

Aunque las marchas se multipliquen, los reclamos en las redes sociales sean constantes y las pifias presidenciales aparezcan cada semana, Andrés Manuel López Obrador ha perdido 9 puntos porcentuales desde su toma de protesta (cuando tenía 77% de aprobación), algo relativamente menor si se toma en cuenta que la primera evaluación –general- de Enrique Peña Nieto en diciembre de 2013, registró sólo 45%.

 

Un año cumple la “Cuarta Transformación”, un proyecto que a partir del 2 de diciembre se le exigirán resultados en los rubros antes mencionados y en otros más, que se traduzcan en estabilidad económica, mejor educación, salud y tranquilidad para quienes habitan en este país.

 

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