Ineficiente y lejano son algunos de los calificativos con los que el periodista suele describir a un político o a la gente ligada con esta actividad, lo cual es resultado, muchas veces, de un trabajo arduo, serio y respaldado con datos contundentes que prueban tales afirmaciones.

 

Señalar desde la prensa a un individuo es una tendencia reciente, pero existen personas del gremio desapegadas al llamado “rigor”, una técnica que deben seguir todos aquellos que ejercen el quehacer periodístico y que permite brindar mejores cosas al público.

 

Veracidad y nada más

 

El periodismo es netamente subjetivo, la carga ideológica está presente en la mente de quien lo desempeña; sin embargo, a pesar del criterio, juicio, visión o las filias y fobias que éste tenga hacia determinado tema, no debe(n) ser motivo para desapegarse de la realidad.

 

Por supuesto que no está exento (como ya se explicó anteriormente en este espacio) de sesgos, omisiones y distorsiones; empero, la tecnología ha diversificado los canales de comunicación y ahora, basta con un dispositivo móvil para propagar lo que sea hasta el otro lado del mundo.

 

Los nuevos vicios

 

El internet y las redes sociales facilitan lo anterior, pero la profesionalización del periodista se ha ido diluyendo en los últimos años. En primer lugar, el reportero actual se dedica a cubrir sucesos que generalmente le ordena su director o jefe de sección, levanta declaraciones y después, se limita a transcribir o reproducir el audio o la imagen.

 

La investigación, la consulta de otras fuentes testimoniales, bibliográficas, hemerográficas y documentales no es común, ya que los medios entraron a una dinámica de prontitud, es decir, narrar el acontecimiento y no buscar su origen o repercusión.

 

¿“Democratización” del periodismo?

 

Como segundo punto, en las redes sociales abunda la información no verificada (rumores, chismes y trascendidos) y emisores (usuarios) que se “topan” con el hecho pero no poseen la teoría ni la práctica para saber cómo obtener y confirmar el dato. El “periodismo ciudadano” cada día gana minutos en los medios tradicionales y digitales.

 

La razón es simple, dicha variante se encuentra de sobra en las comunidades virtuales como Facebook y Twitter porque es gratuito; en otras palabras, la televisora, radiodifusora o el diario pueden retomar el contenido de cualquier usuario sin necesidad de pagarle derechos de autor ni darle crédito por su material.

 

Colapsando

 

En general, los medios de comunicación atraviesan por una crisis financiera, las grandes redacciones van desapareciendo, periodistas multifuncionales que no sólo buscan la nota, sino que diseñan, editan, programan, todo por un mismo salario y en ocasiones, sin las prestaciones de ley.

 

Varios privilegian el convenio con el gobierno en turno más que buscar un producto de calidad para sus lectores, radioescuchas y televidentes; el anunciante tiene más injerencia en la programación o línea editorial de los mismos, más que la audiencia.

 

La “mercantilización” de este sector ha alcanzado inevitablemente al especialista de la información, quien se dedica a elaborar crónicas, entrevistas u otras piezas noticiosas de forma industrializada y contenido deficiente o poco atractivo.

 

Periodismo + política

 

Además de sus problemas económicos y de conformación, está la polarización fomentada en buena parte por periodistas militantes y detractores de un gobernante, todo llevado al extremo siempre es malo,. Ambos tienden a opinar sin documentarse, es una tarea más emocional que racional.

En México hay periodistas abiertamente seguidores -por ejemplo- de Andrés Manuel López Obrador y los contras; esto no tendría nada de malo si no divulgaran datos alterados, sin matices, sin tendencias marcadas y documentos o testimonios falsos, únicamente para enaltecerlo o denostarlo.

 

Se dice que un país se refleja en sus medios y lo que se detecta son –muchas- personas que frente a un micrófono, una cámara, con una pluma o un teclado, editorializan y no son autocríticos, tampoco recorren las calles, entran a los archivos, indagan, hurgan ni desentrañan historias de interés colectivo, que buena falta les hace y así, contribuir a formar una sociedad más enterada.

 

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