Los remplazos en un gobierno son movimientos comunes, sobre todo cuando el ejercicio del poder acumula desgaste, estas sustituciones se originan por diferentes motivos, ya sea por la incompetencia del funcionario, conflictos internos, querellas en su contra, delitos o quizá, por simple táctica política.

 

Con la reciente dimisión del Carlos Urzúa al frente de la Secretaría de Hacienda, la administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador sufrió su tercera gran baja, tras la salida de Josefa González Blanco de la Semarnat y de Germán Martínez del IMSS.

 

¿Normal o no?

 

Es cierto que en cualquier orden de gobierno hay relevos por las circunstancias ya expuestas; no obstante, el problema para el actual radica en lo prematuro de las deserciones y en los argumentos de algunas de éstas, como la de Urzúa, quien hizo públicas (a través de Twitter) sus diferencias con el Ejecutivo federal.

 

Varios académicos, analistas y periodistas han criticado el desempeño de AMLO, así como su política económica que, aseguran, es populista con rasgos neoliberales que privilegia la repartición de dinero a diversos sectores, lo que podría desfalcar al erario, visión que probablemente sea apoyada por el ahora exsecretario.

 

Despidos internacionales

 

Más allá de las opiniones y las repercusiones derivadas del tema, es importante señalar que este fenómeno no es exclusivo de México. El caso más notorio se da en los Estados Unidos y más frecuente a partir de 2017, cuando Donald Trump asumió la presidencia de aquel país.

 

De acuerdo con el portal de Univisión Noticias, el originario de Nueva York ha despedido o removido de sus tareas -hasta junio de este año- a 36 funcionarios de primer nivel, entre los que destacan: Mike Dubke (director de Comunicación), James Comey (director del FBI), Michael Flynn (consejero de Seguridad), Sean Spicer (secretario de Prensa), Anthony Scaramucci (director de Comunicación), Steve Bannon (estratega), Rex Tillerson (secretario de Estado), Jeff Sessions (fiscal general), John Kelly (jefe de gabinete), Jim Mattis (secretario de Defensa), Kirstjen Nielsen (secretaria del Departamento de Seguridad Nacional) y Sarah Sanders (secretaria de prensa y portavoz de la Casa Blanca).

 

Lo anterior ha sucedido a la mitad de su mandato, es decir, en dos años y medio; sin embargo, dicha nación ha soportado los caprichos y vaivenes de Trump porque tiene instituciones sólidas que mantienen la estabilidad económica, política, social y militar si mayores turbulencias.

 

Estabilidad e incertidumbre

 

Si bien las renuncias de Urzúa, Martínez, González Blanco y otros 11 funcionarios de nivel medio (que van hasta el momento) no han impactado en la operatividad de la Cuarta Transformación, sí son una señal de la desorganización y fracturas que prevalecen en el gabinete.

 

A siete meses del nuevo gobierno, López Obrador debe plantearse bien con cuáles colaboradores dispondrá en los primeros tres años de su periodo, si es que desea impulsar cambios reales y por ende, fortalecer la imagen de su partido de cara a las elecciones intermedias de 2021.

 

Como en la guerra, la política gubernamental deja a muchos “soldados caídos”, con tal de alcanzar el objetivo. Los cambios impulsados por AMLO enfrentarán resistencias de muchos grupos sociales, pero también, dentro del gobierno, por ello, necesitará a las mejores personas para cumplir sus promesas.

 

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