El tema de la migración centroamericana sigue dando de qué hablar, no sólo por la cantidad de personas que intentan cruzar México para llegar a Estados Unidos, sino por la implicación política, económica y social que tiene y puede aumentar en la región.

 

La encrucijada en la que se sitúa México no es fácil ni de corto plazo, al contrario, el problema –al parecer- se acrecentará en lo que resta de 2019 y se alargará durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador por ese factor externo llamado Donald Trump.

 

¿Bien o mal?

 

Y es que el presidente de la unión americana tendrá en nuestro país a un aliado en su estrategia de contención de los indocumentados y al mismo tiempo, a un actor que influirá directamente en la elección presidencial de 2020, donde el neoyorquino buscará reelegirse y prolongar su mandato cuatro años más.

 

La complejidad del caso radica en la modificación de la idea original de AMLO de aquí a enero de 2021, cuando –en teoría- Trump deje el poder; sin embargo, la posibilidad de que este último repita en el cargo aumenta mes con mes, por lo cual, la administración del morenista deberá ingeniárselas para coexistir con su homólogo hasta 2024, año en que la Presidencia de la República se renovará.

 

El “tsunami” estadounidense se ha dejado sentir (hasta el momento) con mediana fuerza: el amago para que México financie la construcción del muro fronterizo, la intención de fijar aranceles del 5 por ciento a las importaciones mexicanas y la más concreta, el freno  a la migración centroamericana, son algunas de las señales que Washington ha mandado para imponer sus condiciones.

 

Repercusiones

 

La ola de imposiciones no sólo llegará hasta Chiapas, sino más allá del río Suchiate, específicamente a Guatemala, El Salvador y Honduras, países que atraviesan por una crisis de falta de empleo e inseguridad pública, más agravada en los dos últimos.

 

Por décadas, estas naciones padecieron conflictos internos, malos gobiernos o golpes de Estado, así como una corrupción que ha dejado a millones de habitantes sin oportunidades para vivir en condiciones dignas y que sólo buscan una solución yendo hacia el norte sin importar el peligro.

 

Sin ayuda ni dinero

 

El plan de cooperación para dicha región impulsada por México es una “carta de buenas intenciones”, pero que carecerá del apoyo monetario necesario de Estados Unidos, pues argumenta que los millones de dólares enviados durante años, no han sido aplicados correctamente por los gobiernos del también lamado Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras).

 

La restricción del paso de gente impactará la economía de las ciudades de Tapachula e Hidalgo en Chiapas y de Tecún Umán en Guatemala; ya que el intercambio comercial entre las metrópolis asciende a varios millones de pesos por día. Los balseros, abarroteros y pequeños comerciantes se verán afectados si México, a través de sus fuerzas del orden, decide permanecer indefinidamente en esta zona.

 

Mientras todo esto sucede, México tendrá que resolver la situación de quienes ya se internaron por el sur de forma legal o ilegal en territorio nacional, quienes buscarán refugio y además, de los miles que regresarán deportados desde Estados Unidos.

 

¡Vaya lío!

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