México es un país que suele vivir de glorias pasadas, es decir, de batallas ganadas a invasores extranjeros, héroes nacionales, cambios políticos y sociales, descubrimientos de todo tipo, economía estable e instituciones que contribuyeron al desarrollo de la nación.

 

Cada presidente de la República intenta ponerle su sello a la administración que encabeza; además, recurre constantemente a la “historia oficial”, aquella que exalta o denigra a un personaje, distorsiona un acontecimiento, pone o altera cifras, etcétera.

 

Lo mismo de antes

 

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no escapa a lo anterior, al igual que sus antecesores priistas y los panistas, se remite a lo  implementado hace muchas décadas en varios rubros, y que en su momento causaron un impacto positivo, pero ahora, las condiciones del país y el entorno internacional no aseguran el éxito de esas fórmulas.

 

Hace unos días, el anuncio de la construcción de la refinería de Dos Bocas en el estado de Tabasco, desató una serie de críticas de parte de la posición, periodistas y organismos ciudadanos, los cuales orientaron sus comentarios hacia la inviabilidad del proyecto, debido al excesivo gasto y la poca rentabilidad que éste tendrá.

 

El costo y el tiempo de edificación de dicha terminal de procesamiento, son algunos de los aspectos más cuestionados; asimismo, la crisis económica por la que atraviesa Petróleos Mexicanos, hace que uno de los principales planes de infraestructura del sexenio tenga pocas posibilidades de consolidación.

 

¿Y el futuro?

 

¿Refinería o no? Esa es la discusión. Una industria que todavía genera muchos ingresos a los países productores; no obstante, la tendencia global marca que en pocos años, los combustibles fósiles serán escasos y las energías limpias o renovables los sustituirán, por lo tanto, invertir miles de millones de dólares en un complejo petrolero que en 2035 podría operar a la mitad de su capacidad, es un elemento que divide opiniones.

 

Es cierto que todo gobierno en México busca hacer una obra “faraónica” que tenga dos objetivos: El primero, inflar su presupuesto y desviar los recursos económicos hacia fines particulares o electorales y el otro, establecerla como un símbolo asociado con el presidente en turno.

 

El plan inexistente

 

La refinería puede ser construida por manos extranjeras o nacionales, con más inyección de dinero para acelerar su finalización; empero, la estrategia integral de Pemex no existe, nadie hasta el momento ha informado qué hará la paraestatal para operar con números negros (a mediano plazo) e incrementar la producción de crudo.

 

¿Si Dos Bocas abastecerá de gasolina a gran parte del país, entonces qué función tendrán las demás refinerías? El gobierno federal tampoco ha trazado una hoja de ruta de rescate de las otras instalaciones ubicadas en diferentes entidades.

 

Petróleos Mexicanos depende en buena medida de lo que haga o deje de hacer el régimen de AMLO, el cual tendrá como uno de sus ejes el asunto energético y el reimpulso a una industria que llegó a aportar -en sus mejores épocas- el 40 por ciento del Producto Interno Bruto y que hoy agoniza.

 

Saber comunicar los beneficios de una nueva refinería es una de las tareas por resolver de la llamada Cuarta Transformación, para que la gente conozca, se convenza y apoye a un mandatario que hasta el momento parece tomar decisiones unilaterales.

 

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