Cuando alguien asume las riendas del poder, suele encontrarse frente a dos caminos: el primero, ligado a la trascendencia mediante el cumplimiento de las promesas de campaña y el segundo, dejar pasar el tiempo e ignorar los reclamos de la gente.

 

Si se elige el número uno, se crean mayores expectativas entre la población y al mismo tiempo puede ser un arma de “doble filo” si no se ejecuta correctamente; mientras que el otro, acelera las críticas e impopularidad del gobernante y su equipo.

 

Lo que viene…

 

México está a pocas semanas del cambio de mando en el orden federal, proceso que se lleva cada seis años, pero que a diferencia de los anteriores, tendrá como elementos distintivos, el primer gobierno de izquierda en la historia este país y el respaldo con el que llega.

 

Algunas de las características que tendrá la próxima administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador, será la de retornar a un gobierno que funja como eje rector de la economía (entre otros rubros), impulsar el asistencialismo y fomentar la austeridad.

 

Este último aspecto fue bien recibido por la opinión pública, harta de la corrupción, opacidad, impunidad, el derroche y los conflictos de interés. Como medidas “emblema”, el originario de Tabasco planteó cancelar las pensiones a los exmandatarios, recortar el salario de los altos funcionarios, vender el avión presidencial, etcétera.

 

Hacer más con menos

 

La reducción de gastos es aprobada por la mayoría de mexicanos; otras, como la amnistía y la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México aún están a debate y con una sociedad dividida. En el caso de la terminal aérea, según Consulta Mitofsky, el 44 por ciento (%) de los encuestados apoyan la continuación del proyecto en la zona de Texcoco, mientras que el 17 % se inclina por la de Santa Lucía (Estado de México).

 

Dicho tema ha metido en un verdadero embrollo a AMLO y quizá, será el problema más importante que enfrentará durante el periodo de transición, pues no ha encontrado la forma efectiva para comunicar su idea ni persuadir a su base de votantes.

 

Que opinen

 

Entre el 25 y el 28 de octubre, el presidente electo organizará una consulta a nivel nacional, la cual tendrá como finalidad poner a consideración de los ciudadanos el destino del nuevo aeródromo; para ello, se instalarán casillas en las 32 entidades, específicamente en los 538 municipios más poblados del país y por medio de una boleta, estos responderán a las preguntas que ahí se establecerán.

 

Todavía se desconoce el sentido de éstas; sin embargo, es posible vaticinar su orientación e incluso, en las semanas recientes ha cobrado fuerza la versión de que el magnate Carlos Slim (fundador de América Móvil) podría hacerse cargo, a través de un consorcio, de las labores en Texcoco (por adjudicación directa) y operar el inmueble por varias décadas para garantizar así, la recuperación de su inversión, estimada en 285 mil millones de pesos para 2024, de acuerdo al estudio hecho por el Grupo Aeroportuario de México, encargado de la construcción.

 

Sea cual sea el resultado, López Obrador comenzará su sexenio en medio de una polémica relacionada con una de sus principales promesas de campaña, que bien pudo sortearla unilateralmente y no con la consulta ni la “guerra” de declaraciones con las clases política y empresarial.

 

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