Los impuestos, podrían definirse como: los tributos que cada persona, familia o empresa debe pagar al Estado para costear las necesidades de toda la sociedad.

 

Estos aranceles son los tributos más importantes, pues a través de estos se obtiene la mayoría de los ingresos públicos. Con ellos, el Estado obtiene los recursos suficientes para llevar a cabo sus obligaciones, como, por ejemplo, la administración, infraestructuras o prestación de servicios.

 

Sin embargo, es un hecho que a nadie le gusta pagar tributo alguno. Máxime que en este país se cobran diferentes de impuestos entre municipales, estatales y federales. Impuesto Predial, Impuesto Sobre Nóminas, Impuesto Sobre la Renta, Impuesto al Valor Agregado, entre los más conocidos.

 

Y si a lo anterior le agregamos que existen pocos impuestos que sean justos. Es por ello que a nadie le gusta pagarlos y menos aún viendo como hay pequeños, medianos y grandes contribuyentes que pagan menos o nada. Doblemente injusto, sin duda.

 

En México es más fácil diseñar y lanzar un cohete a la luna que llevar la contabilidad fiscal de una empresa, por más pequeña que ésta sea. Parece exagerado, pero desafortunadamente es una realidad. Y es que pagar impuestos en este país es un asunto muy complicado, pero también injusto, por la alta carga tributaria que recae en pocos contribuyentes.

 

Y si se ha hecho difícil pagar impuestos es porque priva una gran desconfianza bien documentada de la autoridad sobre su correcto cumplimiento. El sistema tributario mexicano se ha manoseado tanto con los años, que se ha hecho injusto y enredado.

 

Además de que el incremento sustancial de las actividades informales se convierte en una tentación para los contribuyentes cautivos. Y si a todo lo anterior le sumamos que es un sistema tributario que no se fía de los contribuyentes, porque los pagadores de impuestos no le tenemos confianza a la autoridad, se convierte en un círculo vicioso difícil de romper.

 

Pese a todo lo anterior, en este país quienes tenemos que contribuir impositivamente lo hacemos porque estamos convencidos de que sin ese ingreso el Estado no podría cumplir con sus funciones básicas, pero, ¿son justos los impuestos que pagamos en México?

 

Se lesiona gravemente al bien común de la sociedad cuando las personas no cumplen con su deber de pagar los impuestos. Pero se hace mucho más daño cuando es el Estado quien crea impuestos injustos o cuando estos no son destinados a cumplir con el bien común de la sociedad, ya que se originan una serie de vicios, en donde la autoridad ve al contribuyente como un delincuente al que hay que vigilar constantemente y muy de cerca, y las personas ven en el Estado a un injusto agresor, corrupto y derrochador contra el que están obligadas a defenderse.

 

Si realmente se quiere simplificar los impuestos, habría que rediseñar los gravámenes. No simplemente hacer simples y sencillos los formatos para el pago las contribuciones.